![]() |
| La villa de los hidalgos, de las viejas casas solariegas destartaladas y añoradizas, que se extienden al pie de la vieja Colegiata. Calle del Río.- M. de Unamuno. |
![]() |
| ...destaca su silueta elegante sobre el verde fondo de las colinas, que sale al encuentro del caminante en los escondidos callejos de las aldeas, y que parece resumir todas las cualidades de la raza montañesa: severidad, recogimiento y culto al linaje... Palacio de Velarde.- Ortiz de la Torre. |
LA CALLE DE LA CARRERA
En 1753 la calle actual de la Carrera se hallaba dividida en dos trozos, cada una con su nombre distinto. El primero iba desde la torre de Velarde, que lleva nº1, hasta la esquina de la casa nº3, que tiene un escudito sin cimera en la parte exterior del machón que da al ábrego. A esta parte se la llamaba el Cantón de Arriba o simplemente el Cantón. El segundo trozo de la calle comprendía desde la casa nº5 que tiene una moldura gótica perlada y arco ojival hasta la casa nº1 de la calle actual de Santo Domingo. A este trozo se le llamaba entonces como ahora calle de la Carrera, la cual en su integridad comprendía lo que ya se explicó al tratar de las calles de Juan Infante y Santo Domingo.
Las casas números 13 y 11 eran del presbítero D. José Díaz Tagle, quien vivía en ellas - que entonces formaban una sola habitación - con un criado y una criada. D. José había nacido en Santillana, era rico por su casa y gozaba de una de las capellanías fundadas en la villa.
La nº9 pertenecía a Juan Antonio Gómez San Salvador, quien la había heredado de su padre D. Jacinto Gómez San Salvador. Esto nos permite afirmar que las armas que ostenta esta casa son las de GÓMEZ SAN SALVADOR y BUSTAMANTE. Sobre estas últimas no hay duda: son los conocidísimos trece roeles y tres lises. En cuanto a las primeras tampoco puede existir vacilación al adjudicar al apellido Gómez el león sobre tres espadas que aparece tallado en la parte alta del primer cuartel, y respecto a San Salvador hemos de creer que está representado por el águila coronada que se ve en la parte inferior de dicho cuartel, pues así se ve este mismo apellido en el escudo de la casa de Barreda Bracho de la Plaza, y aunque en este último el águila aparece orlada de aspas, cosa que aquí no ocurre, débese tener en cuenta para explicar esta omisión la grande anarquía existente en cuanto a detalles en la heráldica montañesa.
Juan Antonio Gómez San Salvador (no le ponen Don en el Catastro), era hidalgo, viudo, de 43 años, labrador de sus haciendas. Tenía un hijo en la Nueva España y otro en tierras de Andalucía y dos hijas que vivían con él en la casa de que venimos hablando, cuya renta anual se calculaba en 5 ducados.
Ya dijimos que la casa situada en la bifurcación de las calles de Juan Infante y la Carrera pertenecía a D. Francisco Antonio Pantaleón de Villa. Este edificio lleva hoy el nº10 de la calle de la Carrera. El nº8 era de Esteban Pérez de Rebia, vecino de Ubiarco, y el señalado con el nº 6 de María Gómez San Salvador, viuda, hidalga y labradora, quien vivía con una sobrina enferma. Esta casa se componía de “un piso con su guardapolvo, dentro de la que hay una sala con su dormitorio, su cocina, con otro dormitorio y un cuarto bajo y junto a este un pedazo de caballeriza para recogimiento de leña, y toda de fábrica antigua y muy trabajada toda ella”. Lindante con esta casa por el cierzo se hallaban el huerto y casa de D. Manuel de Noriega, vecino de Terán en el valle de Cabuérniga, dueño y señor de la casa de Barreda de Vernejo, sita en el valle de Cabezón. La casa de Noriega (nº4) tiene una ventana con las armas de Barreda, y un arco ojival cegado que da a la calle de Juan Infante. Creo que los fundadores de esta casa fueron Juan Barreda de la Vega y su mujer D.ª Catalina de Barreda y Estrada, cuyo hijo Diego se estableció en Vernejo y fué padre del calatravo D. Nicolás de Barreda y de la Torre.
Volviendo a la acera norte de la calle diremos que la casa nº7 sobre cuya puerta se halla un bonito escudo con las armas de BUSTAMANTE en escusón y las de X X, TAGLE, PEREDO y CALDERÓN en su campo cuartelado, pertenecía a D. Francisco Antonio Tagle Bustamante, vecino del inmediato lugar de Queveda. Esta casa, según inscripción que ilustra su fachada, REEDIFICOSE AÑO 1661. Su propietario murió el 14 de julio de 1768 y fué sepultado en su sepulcro de la iglesia Colegial. Estuvo casado con D.ª Juliana de la Fuente y dejó tres hijos: Rodrigo, Francisco y María Antonia.
Pegante a esta casa se hallaba una bellísima edificada en tiempo de los Reyes Católicos, según demuestra su interesante imposta perlada y su arco ojival. En 1753 era propiedad de D. Juan Alonso de Bustamante Tagle, vecino de Reocín. En su memoria hace constar que esta casa constaba de sólo una habitación y pajar incluso en ella y que tenía de fondo 14 varas, 8 de ancha y 7 de alta. Pero lo más interesante de esta descripción son los linderos del inmueble, a saber: ábrego casa de D. Francisco Antonio de Tagle Bustamante, vecino de Queveda; regañón camino público (calle de la Carrera); y cierzo y solano, camino público. Como al cierzo se halla hoy el palacio de Bustamante y de haber existido en 1753 hubiera constado necesariamente en los expresados linderos, sacamos la consecuencia de que entonces no estaba todavía edificado el mencionado palacio y que sobre su solar pasaba una calleja. Refuerza el argumento la razón de que dicho palacio no se halla descrito en parte alguna del Catastro y que la familia que aparece como propietaria de él años después no le incluye en la relación de sus fincas. Era esta familia la de D. Francisco Antonio de Bustamante, caballero hijodalgo, de 70 años, casado, con dos hijos menores de edad y uno mayor llamado D. Francisco Antonio ausente en los Reinos de Indias, siete hijas y dos criadas para el servicio de la casa a quienes pagaba 7 ducados al año a cada una. Estos Bustamantes tuvieron su primer asiento y solar en el barrio de Vispieres, sitio de Moreda. Descendían de Pedro Sánchez de Bustamante, llamado el de Moreda, por el nombre de su solar, el cual debió vivir a fines del siglo XVI. En el memorial de D. Francisco Antonio no aparece más casa que la secular de Moreda, en el barrio de Vispieres, la cual tenía 70 pies de larga, 35 de ancha, 24 de alta y 30 de fondo “con un suelo piso y parte sin él y algo arruinada y esta yerma muchos años hace por no hallar su dueño quien la habite y sirve de establar ganados.” En el mismo barrio tenía D. Francisco Antonio otra casa baja con su establo y pajar, en la que vivía Manuel García “sin que pague renta alguna a el dueño por haber mas casas que vecinos y no haber quien las habite.” Quizá el fundador del palacio de la calle de la Carrera fuera el indiano D. Francisco Antonio,hijo de su homónimo el que da el memorial. La familia gozaba de una decente fortuna en prados, tierras y árboles y un censo de 800 ducados contra el Concejo y vecinos de la villa. Como dato curioso consignaremos que tenían solamente ocho cabezas de ganado vacuno dadas en aparcería, lo cual demuestra la escasez de ganado aún en las casas acomodadas.
La mujer del anciano hidalgo D. Francisco Antonio de Bustamante se llamaba Dña. María Francisca Santa Clara y Villota. De los tres hijos que constan en el memorial sabemos que el indiano y mayorazgo D. Francisco Antonio casó con D.ª Teresa de Bustamante, de la que tuvo descendencia; don Ignacio fué jesuíta, y el tercero debió de morir muy joven, lo mismo que una de las siete hijas. De las seis restantes, doña María Ana y D.ª Teresa fueron monjas en el convento de Santa Clara de Santander; Dª. Rosa casó con D. Antonio Girón, en Carrión de los Condes; D.ª Josefa dió su mano a D. Francisco Güemes, en Castañeda; D.ª María fué mujer de D. Antonio de Ceballos Gandarilla, y D.ª Juliana celebró dos matrimonios, el primero con D. Pedro de la Torre, vecino de Camargo, y el segundo con D. Ignacio de Santa Clara, quien llegó al elevado puesto de Consejero de Castilla.
La casa número 3 luce en su fachada del ábrego, bajo elegante moldura, un escudito en cuyo campo se ven tres estrechas bandas que bajan de izquierda a derecha. Ignoramos a qué apellido puedan corresponder, pero sabemos que el propietario del inmueble era D. José de Polanco, vecino de Suances. La casa es anterior al siglo XVI, según demuestra su puerta ojival, y el escudito bien puede pertenecer a la misma época, pues la cartela es gótica y carece de sostenes, tenantes y cimera como otros escudos medievales, pocos desgraciadamente, que se ven por la Montaña.
Venerable y bellísimo es el edificio marcado con el nº1 con sus puertas ojivales, sus saeteras y sus ventanas treboladas. Fué solar de los Velardes desde los primeros años del siglo XIV, en que se edificaría, y en la época en que historiamos pertenecía a D. Pedro Velarde, vecino de Oviedo, y estaba habitado por el administrador de las fincas que conservaba aquella rama de los Velardes en Santillana, don Pedro Pérez de Sorriba, presbítero y capellán de la capellanía de Ntra. Sra. de los Angeles sita en la expresada casa torre de Velarde.
Don Pedro Velarde Prada, señor de la casa torre de Velarde del Cantón de Arriba, estuvo casado dos veces; la primera con D.ª María Francisca Navia Osorio, hija de los marqueses de Santa Cruz, y la segunda con D.ª Francisca Cienfuegos Valdés. Del primer matrimonio nacieron D.ª Nicolasa, señora de Camporredondo por su enlace con don Juan Antonio Calderón de la Barca y Enrique de Cisneros; y D.ª Eulalia, monja en Oviedo. Del segundo matrimonio de D. Pedro fueron el mayorazgo D. Pedro Velarde Cienfuegos; D. Romualdo, Colegial Mayor de Oviedo y Obispo de Avila desde el año 1776 al de 1780; D. Joaquín, Canónigo de Oviedo; D. José, Coronel Teniente del Rey en la Coruña; D. Juan Antonio, Oidor de la Audiencia de Guatemala; y doña Francisca, casada con D. Fernando Alonso Valledor, señor de esta casa en Asturias.
Frente a la torre de Velarde y en la acera del mediodía de la calle de la Carrera se alza la casa nº2 que en el año de que nos venimos ocupando era habitada por su dueño D. Luis Vicente de Velarde, lo que parece indicar que aquella torre y esta casa fueron en un tiempo del mismo dueño y que después, por sucesivas particiones testamentarias, fueron a parar a distintas ramas de aquel apellido. D. Luis Vicente Velarde tenía 45 años, era hidalgo, se hallaba casado y tenía cuatro hijas y dos hijos menores. Servían esta casa dos criadas y un criado. Poseía buena hacienda, de la que eran parte no despreciable las casas que tenía en la calle del Cantón. Llevaba él mismo algunas de sus fincas para cuyo laboreo tenía una buena pareja de bueyes, y otras reses vacunas que también poseía las había dado en aparcería a distintos vecinos.
LAS CALLES DEL CANTON Y DEL RIO
En la época que historiamos todavía no estaba edificado el actual palacio de los Valdivielso en la calle del Cantón, esquina a las de las Lindas. Sobre su solar se levantaba entonces un viejo edificio de planta y piso, con la correspondiente distribución de oficinas, y dos casas accesorias, pegantes al edificio principal, que servían de caballeriza y pajar. Debía de ser antiquísimo y sus paredes cobijaron a varias generaciones de aquel inquieto linaje de los Valdivielsos, sobre los cuales se advierte una constante atracción del virreinato de la Nueva España, como si misteriosos instintos les señalaran que en aquella tierra fecunda habría de obtener su apellido todo lo humanamente apetecible en punto a honores y fortuna.
Habitaba esta casa D. Francisco Manuel de Valdivielso y Sánchez de Tagle, Mier y Pérez de Bustamante, desde 1745, Caballero de Alcántara y a la sazón Regidor General por el estado de los Caballeros Hijosdalgo de Santillana. Con el alcantarino -que contaba 55 años- vivían su anciana madre D.ª Luisa Sánchez de Tagle y Pérez de Bustamante, su mujer D.ª María Antonia de Villa - hija de un Oidor de la Real Audiencia de Manila- y cuatro de los siete hijos de aquel matrimonio, - tres varones y una hembra - -todos de corta edad. Los tres mayores se hallaban ocupados en servicio del Rey: D. Francisco Dionisio -que sucedió a su padre en el mayorazgo - y D. Pedro vestían el uniforme de cadetes en el Regimiento de Guardias de Infantería, y D. Andrés, en cuya casaca de Guardia Marina se veía ya la blanca venera de San Juan, se hallaba destinado en la escuadra del Departamento de Cartagena.
Llamábanse los tres jovencitos que vivían con sus padres y su abuela en la calle del Cantón D. José Domingo, D. Bernardo Francisco y D. Manuel, y la niña Antonia.
El señor de la casona de Valdivielso gozaba del pingüe mayorazgo fundado en Santillana por su remoto antecesor D. Juan de Valdivielso en el año de 1528 y de otras buenas haciendas correspondientes a la casa de Mier, en el Barrio de Herrán, que aportó al matrimonio su abuela paterna D.ª Catalina de Mier, señora de aquella Casa. En la casona de la calle del Cantón se vivía holgadamente: dos criados, -uno de ellos, Ignacio Collado, natural de la villa y otro un mozo de Ubiarco -dos criadas y una doncella atendían al servicio doméstico de sus amos, y un mayordomo - que ganaba 1.000 reales anuales- cobraba los réditos censuales, y las rentas de prados, molino y casas. Entre estas era quizá la más importante la situada en la acera del regañón, en la misma calle del Cantón, pegante a las de D. Luis Velarde y D.ª Antonia García de la Torre. Otra casa poseía Valdivielso en el sitio de las Arenas, otra en el sitio del Cueto, -barrio del Arroyo- un invernal en ruina en Sobrelasarenas y dos casas de labrador en el barrio de Herrán. D. Francisco Manuel falleció en Santillana en 1781. Su partida de defunción, llena de interesantes datos biográficos y genealógicos de esto noble familla dice así:
“En 3 de septiembre de 1781 falleció D. Francisco Manuel de Valdivielso, caballero del hábito de Alcántara, hijo legítimo de D. Pedro de Valdivielso y D.ª Luisa Sánchez de Tagle, todos vecinos de esta dicha villa, estuvo casado con D.ª María Antonia de Villa, su legítima mujer, hija con la misma legitimidad de D. Gregorio de Villa, del Consejo de S. M. y Oidor de la Real Audiencia de Manila, y de Doña María Josefa Pérez de Tagle su legítima mujer; de cuyo matrimonio deja por sus hijos legítimos a D. Francisco Dionisio de Valdivielso, Caballero del hábito de Santiago, segundo Teniente de Infantería de Reales Guardias Españolas; al Capitán D. José Domingo de Valdivielso, del mismo hábito; a D. Frey Andrés, Caballero de la Sagrada Religión de San Juan y Comendador de Castro Nuño, Teniente de Navío de la Real Armada; a D. Frey Pedro, Caballero y Comendador de Ciudad Rodrigo en la misma Sagrada Religión, Sargento Mayor del Regimiento de Infantería de la Corona; a D. Fernando, Colegial Mayor del Arzobispo de Salamanca y Magistral de Coria donde murió; al Licenciado D. Manuel, Colegial Mayor en el Viejo de San Bartolomé de Salamanca; a D.ª Antonia Vicenta, casada con D. Luis de Navamuel; a D.ª Damiana religiosa en el Convento de San lldefonso de dominicas de esta villa, y a D.ª María Teresa, casada con D. Manuel de la Bárcena. Recibió los Santos Sacramentos de Confesión, Comunión y Extrema Unción, se le aplicó la indulgencia plenaria pro artículo mortis. Fué sepultado su cadáver en la primera grada inmediata a las puertas de esta Colegial de Santillana el día 4 de dicho mes y año. Hizo testamento ante Manuel de Maliaño, escribano de esta villa, el día 4 de agosto de este presente año ... “
Pero la rama de los Valdiviesos que llegó a conquistar las más preciadas distinciones y honores junto a una enorme fortuna fue la fundada por D. Francisco de Valdivieso y Mier, primer Conde de San Pedro del Alamo y Mariscal de Campo que hemos visto habitando la casa de la calle del Cantón.
Era D. Francisco de Valdivielso y Mier, segundón del matrimonio de D. Andrés y D.ª Catalina de Mier por lo que privado de bienes en el solar vernáculo hubo de abandonarle para buscar fortuna en el ejercicio de las armas, avecindándose en México, donde la logró tan crecida que su casa llegó a ser famosa tanto por la hermosa fábrica de su edificio y riqueza de mobiliario como por su boato en criados, lacayos, carrozas y caballos.
De las demás casas de la calle del Cantón sabemos que la que llaman del Marqués de Santillana y que tiene en su fachada las armas de los apellidos VEGA Y HERRERA, pertenecía a D. Pedro Antonio de Barreda Bracho, que era sin duda el mayor propietario urbano de la villa. La llamada de Los Hombrones, que ostenta el escudo de los Villas no hemos podido averiguar a quien pertenecía por entonces.
Otros propietarios de esta calle eran D. Diego Domingo de la Cueva, vecino de Queveda; el cantor de la Colegiata D. Manuel González de San Martín; D. Tomás Calderón, vecino de Oreña; D.ª Antonia García de la Torre, mujer de D. Andrés de Riaño, quien se hallaba ausente en Indias; don Baltasar de Mesones, vecino de Iguña; D.ª Vicenta de Maliaño; el Clérigo D. José Gómez; María Pérez de la Lastra; Juan Antonio Mancina, vecino de Comillas, etc., etc.
Nos ha sido posible averiguar el nombre de los propietarios de la mayor parte de las casas de la calle del Río, así llamada por el regato que la atraviesa. La nº1 pertenecía a D. Francisco Antonio Pantaleón de Villa; la nº3 a la capellanía que fundó D. Gregorio de Cossío Barreda y que en 1753 gozaba su hijo D. José, cura beneficiado del lugar de Tagle; la nº7 era del escribano Manuel Melendez Valdés; la nº9 de D.ª Manuela del Río, viuda de D. Anselmo Gomez de Barreda; la nº11 del Convento de las Caldas. La nº15 era de D.ª Ana María de Polanco y creo que fue la casa principal de este linaje en Santillana, que se extinguió a la muerte de dicha señora acaecida en el año que estudiamos. Ya dijimos que el actual palacio de la archiduquesa Margarita pertenecía a D. Pedro Antonio de Barreda Bracho.
La casa que ostenta en su fachada las armas de Cossío fué edificada por D. Rodrigo de Cossío, muerto en las Caldas sin descendencia en 1713, y en el año 1753 era de Don Vicente Díaz de la Serna y Cossío, vecino de Castillo Pedroso.
El capítulo 56 de las Ordenanzas multaba "a las lavanderas que en el río de la calle se pusieren a lavar todo genero de ropas o cosas comestibles por la indecencia que causan a un paraje tan público como lo es por ser el único paso para la Parroquia de esta Villa.”
LA PLAZA DE LAS ARENAS
La plaza de las Arenas figura ya con este mismo nombre o con el de plazuela de la Arena en escrituras medievales. Arena según el Diccionario, es el “Sitio o lugar del combate o la lucha”. Quizá los caballeros de Santillana y sus Asturias celebraron en aquel 1ugar sus retos y desafíos durante la Edad Media.
El principal habitante de la plazuela de las Arenas era D. Bernardo Velarde Ibañez, de 35 años, Caballero Hijodalgo notario, mayorazgo de su linaje, uno de los más antiguos de Santillana. Descendía D. Bernardo de un famoso personaje, fundador del mayorazgo de su línea, llamado D. Pedro Velarde Villa, nacido hacia 1460, quien casado en su juventud con D.ª Mariana de Terán, como enviudase de ella abrazó el estado eclesiástico, llegando a ser Prior de la Colegial de Santillana, canónigo de Palencia, Inquisidor de Toledo y Comisario General de Cruzada, muriendo en su palacio de la plazuela de las Arenas el año 1587 a los ciento veintisiete de su edad. Este hombre de bíb1ica longevidad reedificó y agrandó su casa torre de las Arenas -en la cual vivía su descendiente D. Bernardo en el año que venimos estudiando- dejándo1a en la forma típicamente montañesa con que ha llegado a nosotros; con sus hastiales escalonados, sus pináculos, sus gárgolas, su portal de doble arco, y como elemento extraño al arte regional la guarnición plateresca de uno de sus huecos. Seguramente que nadie reconocería este palacio en la descripción que de él hizo su dueño en el memorial del Catastro. Dice así: “En este Barrio (de las Arenas) una casa torre de vivienda (que es en la que vivo) con sus servidumbres de Pajar y Caballeriza. Es antigua y vieja por cuya causa y la de arruinarse es de ninguna uti1idad. Su ancho 16 varas, su alto veinte y quatro y su largo veinte y cuatro, fondo 26. Surca al cierzo con tierra y prado míos; al solano con el solar de las Arenas mío, y tierra aneja; al ábrego con el Camino Real que va a Camplengo; y al regañón con la Plazuela de las Arenas que frontea con la Iglesia Real Colegial de Sta. Juliana.” En el mismo barrio poseía D. Bernardo “otra casa de vivienda baja medio arruinada por lo antigua” y en la Plaza mayor y otros lugares de la villa, las casas de que se ha hecho mérito al tratar de dichos lugares, que eran y siguen siendo los más antiguos edificios civiles de la población, exceptuando la Torrona.
Don Bernardo estaba casado y tenía dos hijos varones de 17 y 13 años. Su palacio no tenía mas servicio que un criado de 17 años -que ganaba 10 ducados al año- y una criada de 50 años, que ganaba 9 ducados. El hidalgo del palacio de las Arenas fue Alcalde Mayor de la Real Abadía de Santillana durante varios años.
La casa número 1 de esta plazuela, que tiene las armas de Gómez del Corro en un escudo de piedra colocado sobre el balcón, pertenecía a D. José Gómez del Corro, vecino de Puente San Miguel y patrono único del Convento de San Ildefonso. Esta casa fue edificada para su morada por el Canónigo y Tesorero de la Colegiata D. Alonso Gómez del Corro, fundador de dicho Convento en el ano 1667.
Otras casas de esta plazuela eran de D. José Velarde, vecino de Boó de Piélagos; de D. Francisco Valdivielso, el alcantarino de la calle del Cantón; de D. Francisco Antonio Pantaleón de Villa, el de la calle de Santo Domingo de don Juan Domingo Bustamante; de Dª. Vicenta de Maliaño, la jovencita que vivía con su tío D. Miguel de Maliaño en la calle del Cantón y de D. Alonso Bernaldo de Quirós, vecino de Cóbreces.
Habitaban dicho barrio dos labradores con casa propia. Uno de ellos era Domingo de Herrera, casado, de 46 años. hidalgo, con dos hijos menores. Tenía dos vacas, “las envió al puerto de Soto, Merindad de Campoó -dice en su memorial- y por ellas pago cada año por el herbaje de dicho puerto quince reales vellón.” El otro labrador era Juan Antonio de Velasco, casado, hidalgo con un hijo de 23 años. Tenía algunas tierras y otras llevaba en renta de las monjas. En su establo se prendían dos parejas de bueyes y dos vacas. Estas iban a pastar durante los meses estivales al puerto de Soto. La casa que el escribano Manuel de Maliaño tenía en la plazuela de las Arenas se hallaba tan deteriorada que nadie le daba renta por ella y la habitaba un pobre de solemnidad.



No hay comentarios:
Publicar un comentario