miércoles, 7 de octubre de 2020

Visita del Rey Don Alfonso XII a Novales

 
S.M. Don Alfonso XII

Agosto 13 1862

S.M. el Rey don Alfonso va en expedición de recreo desde Comillas, donde estaba veraneando con su familia, a Novales. Siguiendo la carretera de Torrelavega hasta Cóbreces, siguieran S.M. y acompañantes por camino de monte.

Acompañaban a S.M. además de las personas de su comitiva, los diputados provinciales don Laureano de las Cuevas y don Andrés Lanuza, el alcalde de Alfoz de Lloredo; de cuyo ayuntamiento es capitalidad Novales, en el partido de Torrelavega, el señor Marqués de Casa-Mena y don Mariano de Henestrosa, a quien S.M. había invitado en la Granja para la expedición a los Picos de Europa, y los señores Cedrún y Santoyo.

Novales es un pueblo sui géneris, metido en una hondonada; cuando a las primeras horas de la mañana llega uno a cualquiera de las alturas que lo rodean y se encuentra de repente con la atmósfera impregnada de aromas que despiden los limoneros y naranjos que se encuentran en el lugar, recibe un placer inexplicable; la primera vez que nosotros estuvimos allí nos sucedió esto: íbamos en compañía de un ingeniero alemán que nos decía: “esto es delicioso, es un edén en cuanto se respiran aromas tan delicados e improvisos, que probablemente los del país no sabrán apreciar”. Algún desencanto causó al extranjero la entrada en alguna huerta del pueblo abundante en aquellos árboles que nos dijo: “amigo mío, me gustaba más Novales observado desde las alturas que la que me gusta en su propio lecho: allí el aroma es más deleitoso que respirado aquí, y lo que yo consideraba un continuado y deliciosísimo vergel, mirado de cerca, son unas huertas más o menos grandes, completamente descuidadas y sin ningún gusto: es la naturaleza sola la que brinda sus deleites aquí.” Efectivamente la huerta que visitamos tenía algunos árboles abundantes de naranja y de limones, hallándose aquella huerta, en lo que no correspondía a tan precioso ornamento de la naturaleza, completamente escueta y descuidada.

“Un lugar como este, decía también mi acompañante, sería en mi país un verdadero jardín y se estimaría más de lo que aquí, según creo se estima;” exclamación que se hace con frecuencia en nuestro país por los extranjeros, con mayor o menor razón, y que nosotros consignamos nada más que para expresar los diferentes efectos que, en un forastero muy ilustrado y en nosotros produjo la visita a Novales, a donde se llevó seguramente al Rey para que participase de las delicias que ofrece aquel modesto pueblo, que se compone de unos 172 vecinos y recibió al Monarca dedicándole un precioso arco de follaje y naranjas, en el que se leían escritas con aquel fruto las siguientes palabras:

NOVALES A S.M. DON ALFONSO XII

Junto al arco aguardaba la llegada de S.M. numeroso gentío del pueblo y de los lugares vecinos, vitoreándole todos al pasar a caballo durante el trayecto de allí a la iglesia. Comparsas de mozas y mozos, engalanados y vestidos con el traje del día de fiesta, procedían al Rey bailando y entonando cantares del país al compás de las panderetas.

A la puerta de la iglesia esperaba al rey el clero parroquial, bajo palio encarnado, y una vez dentro del templo se cantó el Te Deum, dirigiéndose S.M., y la comitiva a la magnífica huerta de don Fernando Ceballos, persona muy ilustrada y exportador de limones a Madrid y otros puntos en cantidades constantes y muy crecidas, quien obsequió a los invitantes ofreciéndoles un refresco agradabilísimo y excelentes vinos servidos en una mesa al aire libre, bajo pabellones de flores, tomando asiento el rey bajo un dosel de follaje terminado por la corona real formada con naranjas y limones, con cuyos frutos y otros rurales adornos, combinados con las cestas y serones en que los limones se exportan formaban en arco caprichoso la portada de la extensa huerta, que recorrió en parte S.M. ponderándola muchas veces.

Así se pasó el Rey aquella tarde, regresando a Comillas a las siete muy contento de haber verificado aquella expedición agradable.

 

(Por  D. Juan Antonio del Río y Sáinz

“La provincia de Santander considerada bajo todos los aspectos” 1885)

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Fernando Ceballos  de la Torre (1819-1886) natural de Novales,  casado con Dorotea de la Torre Terreros (1827- ) también de Novales en cuya iglesia parroquial de Santa María de la Asunción el 19 de abril de 1847 se casaron.

Tuvieron a a María Amalia (1847- ), Fernando Luis (1848-1875), Diego Isidro (1850- ), Eladia (1856- ), María Carmen (1859-1878), María Jesús (1861- ), Eduardo (1862- ), Telesforo (1864-1869) y a Eugenio (1868- ) que en el censo electoral de Novales 1919 figura como propietario de 51 años;

Fernando era hijo de Diego Ceballos Bernardo de Quirós (1777-1849) y María de la Torre Heras (1784- ). Diego era abogado.

Dorotea era hija de Fernando de la Torre Heras (1791-1873) y Eladia Terreros Larrea (1800-1855) natural de Madrid.

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sábado, 3 de octubre de 2020

Pedro Calderón de la Barca tuvo su casa solar en Oreña

Pedro Calderón de la Barca (1600-1680)


De la “Nueva Guía de Santander y la Montaña 1892” me envía A. Cobo Cotera el siguiente recorte:

“Don Pedro Calderón de la Barca tuvo su solar, como queda dicho, en la bahía de Oreña; en la misma ensenada o puerto llamada Calderón, distrito municipal de Santillana, estuvo arraigado su linaje desde tiempo inmemorial, sin que tenga nada de cierta la genealogía que recuerda al infante don Vela; sus antecesores fueron de posición humilde en la tierra y fuera de ella, aunque ahora muchos grandes se enorgullecen de proceder de su casa o ser parientes suyos; y apenas quedan de la noble morada sino dos viejas torres, chatas y arruinadas, escaladas por la yedra, no muy alejadas de la cueva que ruge con voces del mar, bamboleadas por el viento que aún en ellas encuentra algún obstáculo.”


Del Tomo II 1ª parte del libro 1885-1991 la provincia de Santander bajo todos los aspectos de José Manuel del Río Sáinz transcribimos todo a continuación:

Don Juan de Vera Tasis y Villaroel, en su fama, vida y escritos de Calderón, publicado en la verdadera quinta parte de comedias de Calderón impresa en Madrid, año 1682, dice:

“Fue DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA, hijo de don Diego Calderón de la Barca Barreda y doña María de Henao y Riaño, por el apellido de su padre, ilustrísimo, pues los Calderones de la Barca Barreda, gozaron el fuero de antiguos hijosdalgo en el valle de Carriedo, de las montañas de Burgos, a donde esta noble familia se retiró desde la imperial ciudad de Toledo en la pérdida de España, según se deduce de sus más clásicas historias y veredictos nobiliarios. Por el de su madre, fué de los principales caballeros de los Estados-Bajos de Flandes, descendientes del señor Mons de Henao, y de antiguo tiempo venidos a Castilla, como también de los esclarecidos Riaños, infanzones de Asturias”.

Su padre don Diego, natural también de Madrid, era Señor de la Casa de Calderón de Sotillo en la jurisdicción de Reinosa, y Secretario de Cámara del Consejo de Hacienda,

Don Anastasio de Ayala, en su Crónica de la casa de Ayala dice, refiriéndose a ésta la perteneciente a la familia del señor Conde de Villanueva de la Barca que habrán visto muchos de nuestros lectores a la izquierda de la carretera de Torrelavega a esta ciudad a corta distancia de esta villa, dice que esta casa se llamó antiguamente de Villanueva, después de la Estrella y últimamente de la Barca, y añade:

“La casa de la Barca, sita en el Concejo de Viveda a media legua de Santillana, está fundada en medio de unas grandes arboledas de robles, limoneros, naranjos y otros frutales. Es una casa fuerte en sus cercas y sus almenas, su término redondo y su jurisdicción. Pasan por junto a ella los ríos Saja y Besaya, que entran en el mar con término de una legua; y las crecientes del mar llegan a una venta que tiene esta fortaleza a un tiro de piedra, donde tiene una barca con que se pasa el río a los lugares de Barreda y otros.”

El eruditísimo don Ángel de los Ríos y Ríos publicó en 1883 una extensa biografía del gran poeta, tratando largamente de su genealogía, añadiendo a ella un árbol de tan notable familia que empieza Gutiérre, Señor de las casas de Zaballos, Oreña y otras muchas probablemente, en cuyo árbol aparecen la casa antigua de Calderón en Oreña y Puerto Calderón, la de la Barca, Sotillo, de las Henestrosas, Carrión, Moarbes, y de los Ríos de la Montaña.  

El apellido Calderón de la Barca se ha conservado en la provincia hasta nuestros días.

La provincia de Santander puede, pues, sentir el noble orgullo de ser Calderón de la Barca, uno de sus oriundos más eminentes, y aunque no tan inmediato como Lope de Vega y don Francisco de Quevedo, cuyos padres nacieron en la Montaña, tener la satisfacción de que los apellidos de unos y otros se encuentran siempre permanentes, perpetuándose de este modo su memoria más, mucho más que sucedería en el contrario caso.


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