martes, 29 de marzo de 2022

Primera misa en el Monasterio de Viaceli

 

"Primera misa en el Monasterio de Viaceli

Recuerdo en la S.I. Catedral de Santander

Presidieron, en el templo parroquial, el Prelado de la Diócesis y el Abad Mitrado de Viaceli

El pueblo de Cóbreces, con sus autoridades, se sumó al acto

El pasado domingo, festividad de San Juan. Se celebró en la iglesia parroquial de Cóbreces el emocionante acto de la primera misa de un religioso cisterciense del Monasterio de Viaceli. Se trata del reverendo Padre Santiago Hernández de Pablo, joven trapense, perteneciente a distinguida familia de Salamanca. Por encontrarse el templo de la abadía cerrado al culto por realizarse en él importantes obras de transformación, la ceremonia no pudo celebrarse dentro del Monasterio, y aprovechando el ofrecimiento y los deseos del reverendo párroco de Cóbreces, don José Urrutia, y del vecindario de dicho pueblo que deseaba asistir a la tierna ceremonia, se acordó que dicha primera misa tuviera lugar en el templo parroquial.

El vecindario mostró su adhesión al Padre Santiago adornando los accesos al templo con guirnaldas y colgaduras y un arco con expresiva dedicatoria. También fue levantado otro arco de saludo al excelentísimo señor Obispo de la Diócesis, doctor don José Eguino y Trecu, que había anunciado que asistiría al acto. Durante toda la mañana se dispararon cohetes y el pueblo se congregó en las afueras del templo para esperar la llegada del misacantano.

 Hízolo éste a las once de la mañana. Salió del Monasterio con la Comunidad en pleno, en dos largas filas, y acompañaban al Padre Santiago el muy reverendo Padre Abad Mitrado, Dom Luis Yagüe Martín que vestía capisayos; sus padres don Maximino Peña y doña Flora de Pablo, y todos sus familiares, que habían acudido a Viaceli desde Salamanca. Entre ellos se hallaban sus hermanos don Fernando y don Carlos.

Al llegar la Comunidad, en silencio, al templo parroquial, el vecindario acogió con vivas y cariñosos aplausos la presencia del Padre Santiago. Seguidamente, con el templo abarrotado de fieles, la Comunidad de Viaceli dió comienzo el canto de Tercia, presidiendo bajo dosel el muy reverendo Padre Abad. A la terminación, llegó desde Comillas, en cuya Universidad había conferido Sagradas Órdenes, el excelentísimo señor Obispo, doctor Eguino y Trecu, a quien acompañaban el muy ilustre señor don Gabriel Palomero lectoral de la S.I.C. de Santander; el muy ilustre señor don Epifanio Roiz, arcediano y el prefecto de Ceremonias, muy ilustre señor don Martín Manso. El doctor Eguino y Trecu ocupó sitial  bajo dosel en la parte de la Epístola, acompañado del muy reverendo Padre Abad, Dom Luis Yagüe, y del muy ilustre señor don Epifanio Roiz.

También asistieron a esta primera misa, el Rector Magnífico de la Universidad Pontificia de Comillas, reverendo Padre Pardo, acompañado del reverendo Padre Cuesta y del reverendo Padre Domínguez, profesores de Filosofía y Humanidades, respectivamente, en dicha Universidad. Estuvo, asimismo, presente en la ceremonia el Ayuntamiento en pleno, presidido por su alcalde. Entre los invitados se hallaban don Severiano Yagüe, alto funcionario del Ministerio de Marina, y don José Yagüe, hermanos del muy reverendo Abad Mitrado y emparentados con el misacantano; don Ezequiel Bueno Martínez, industrial de Jaén; don Luis Hernández Álvarez, abogado de Salamanca; don Prudencio de Bidegaín, de Quijas; don Arturo de la Lama y don Manuel González Hoyos, Gerente y Director, respectivamente de EL DIARIO MONTAÑÉS, todos los cuales ocupaban sitios junto al presbiterio.

A las once y cuarto dió comienzo la santa misa, ayudando al misacantano, de diácono y subdiácono, respectivamente, los reverendos Padres Fructuoso Martín y Francisco González, del Monasterio de Viaceli. Oficiaron de padrino de capa el párroco de Cóbreces, don José Urrutia, y de maestro de Ceremonias el muy ilustre señor don Martín Manso canónigo de la S.I. Catedral. De padrinos seglares actuaron los padres del nuevo sacerdote, don Máximo Peña y doña Flora de Pablo, y su hermano don Fernando Hernández de Pablo con su distinguida esposa, doña Flora Dávila de Hernández de Pablo. La Comunidad cisterciense tuvo a su cargo la parte musical, cantada con la unción acostumbrada.

Al Ofertorio, ocupó la Sagrada Cátedra el muy ilustre señor don Gabriel Palomero, el cual pronunció un bellísimo sermón exaltando las excelencias del sacerdocio católico.

Terminada la misa, el reverendo Padre Santiago entonó un “Te Deum” de acción de gracias, e inmediatamente dio comienzo el besamanos, comenzándose por el Prelado y el Abad, y desfilando luego ante el nuevo ministro del Señor todos los sacerdotes, la Comunidad y cuantos asistieron al acto.

Seguidamente, la Comunidad regresó al Monasterio en la forma en que se había acudido al templo parroquial.

A mediodía, los invitados fueron delicadamente obsequiados: los caballeros en el Monasterio, y las señoras, en una de las dependencias del Instituto Quirós. A los postres se pronunciaron varios discursos y leyó una bella poesía nuestro Director, don Manuel González Hoyos.

A las cinco de la tarde, y organizada por los novicios del Monasterio, se celebró una sencilla velada, en el salón de actos del Instituto Quirós, en honor al misacantano, submaestro de Novicios. Presidieron el Prelado y el Abad, y asistieron todas las distinguidas personas de que hemos hecho mención, así como los alumnos del Colegio de Misioneros del Corazón de Jesús, que también acudieron, por la mañana, a la iglesia parroquial.

La velada fue sencilla y encantadora, y en ella se puso de manifiesto el amor de los novicios a su submaestro. Hubo poesías, canciones y discursos, interviniendo los novicios  Hermanos Pío, Marcelino, Eloy, Agustín, Ramón y Félix. Hizo la presentación del homenaje el reverendo Padre Fernando, y todos ellos fueron cariñosamente aplaudidos. En uno de los intermedios, el Hermano José improvisó una amena y bella charla, que fue escuchada con gran interés.

Por último, se rogó a don Manuel González Hoyos leyese la composición poética que, dedicada al misacantano, había recitado durante la comida en el Monasterio, y lo hizo, seguidamente, para que pudiesen conocerla las señoras y señoritas invitadas. Fue también cariñosamente aplaudido.

Terminó la actuación de los novicios entregando al Padre Santiago un expresivo pergamino como recuerdo de esta memorable fecha. También se cantó por los novicios la bellísima Salve cisterciense.

El Padre Santiago habló, a continuación, para agradecer a la Comunidad y a sus novicios la cariñosa velada que le habían ofrecido, así como la asistencia de todas las personas que se sumaron a tan simpáticos actos.

Finalmente, el doctor Eguino y Trecu pronunció unas breves y paternales palabras, recogiendo algunas de las ideas que habían sido vertidas durante la velada y respondiendo a alusiones que se le hicieron por algunos oradores. Expresó atinadísimos consejos relacionados con la vida monástica y la perfección espiritual de todos los fieles, y terminó señalando la gran influencia de la madre en la formación de los hijos.

Como final de la fiesta dio a todos la bendición episcopal."

(DM 26.06.1951)


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martes, 15 de marzo de 2022

Vida monástica en la Montaña

 Profesiones solemnes en el Monasterio cisterciense "Viaceli".- Cóbreces

Vista exterior del Monasterio de Viaceli, de la trapa de Cóbreces

Buen sermón, elocuente, de forma intachable, ecológico, ascético-mixto, el que pronunció el R.P. Augusto Salgado, S.J., en la iglesia, severamente magnífico, de “Viaceli”, el día 2 del actual, con motivo de emitir sus votos perpetuos dos jóvenes llamados a la vida contemplativa.

Pero aún más elocuente, conmovedor y persuasivo el “sermón sin palabras” de los nuevos profesos al postrarse ante el altar, con sus rostros tocando la tierra, y decir a Jesucristo –Presente en el Sagrario- con toda verdad, desde lo íntimo del corazón; “Tomad, Señor, y recibir toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad; todo mi haber y mi poseer …”

Voto de obediencia, que es, según Balmes, “el acto más libre que puede realizar un hombre, porque dispone en un momento de la libertad de toda su vida…”

Voto esencial que incluye los de castidad y pobreza. Y, además, los votos característicos de la Orden del Cister; de estabilidad (residencia vitalicia en el Monasterio donde se profesa) y de “conversión de costumbres”, que es obligarse a un progreso espiritual continuo, a una “conversión” permanente de lo bueno a lo mejor.

-¿Qué pedís? –pregunta el Abad o el Superior que hace sus veces, a los neo-profesos-

Y contestan:

-“La Misericordia de Dios y de la Orden.”

Y Dios se la concede, sobreabundante, y la Orden los admite en su seno, en su santa vida monacal… Ya han logrado lo que anhelaban; ya son inmensamente ricos: Dadme vuestro amor y vuestra gracia, et dives sum ostis.”

Fr. María Bernardo Torres tiene 27 años, es natural de Villanueva de Córdoba. Ingresó en “Viaceli” el año 1941, habiendo hecho aquí sus años de probación; dos de noviciado y tres de profesión temporal. Es estudiante de Filosofía.

Fr. María Julián Domínguez nació en Malagón (Ciudad Real). A los 13 años (1934) fue admitido en este colegio Monástico de San Bernardo. En plena guerra (1937 al 39) pasó al monasterio cisterciense de Santa María de Huerta (Soria), y de aquí marchó al “frente”, formando parte del ejército Nacional y luchando bravamente contra los enemigos de España, hasta caer herido. La honrosa cicatriz que en su rostro perdura le acredita como benemérito de la Patria. Volvió luego a Cóbreces para cumplir su noviciado y profesión temporal. Cursa el tercer año de Teología.

El mencionado día, fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen, celebraron ambos su profesión solemne. Recibió sus votos el primer Superior de “Viaceli”, Fray María Teófilo, asistido de los reverendos Padres Luis Yagüe, Patricio, Ceferino y el segundo Superior, Padre Andrés, en presencia de toda la Comunidad y con asistencia de muy distinguidas personas, entre ellas algunos familiares de los nuevos profesos.

Los concurrentes siguieron con vivo interés y emoción las graves y simbólicas ceremonias de un acto tan trascendental como edificante y felicitaron efusivamente a los profesos y a toda esta observantísima familia cisterciense.M.T. "

(Diario Montañés 08.02.1946)


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Recibimiento de la imagen de Nuestra Señora de la Asunción, Patrona del Monasterio Cisterciense Viaceli


jueves, 3 de marzo de 2022

Bolos, bolas y boleras


Darío Gutiérrez

"Bolos, bolas y boleras

Por Antonio Botín Polanco  (Diario Montañés 29.03.1950)

En la bolera de Puente San Miguel se ha celebrado un gran concurso de bolos, en el que han tomado parte los mejores jugadores de las provincias de Santander y Asturias, y durante el cual se ha tributado un homenaje póstumo al que fue en vida el mejor animador que ha tenido el juego de bolos: Don Darío Gutiérrez.

En los pueblos de la provincia de Santander ha sido la bolera  lo que fue el ágora en las ciudades griegas. Los domingos por la mañana y al final de las largas tardes de verano –cuando llega “la fresca”- se reunían en la bolera los señores, los labradores, los obreros y los niños del pueblo. Jugaban a los bolos los más diestros, pero tomaban parte en las partidas –con las bolas, con las palabras o con ambas cosas- todos los asistentes. Se celebraba allí, con el mismo entusiasmo, una buena bola y una buena palabra. Era así la bolera una escuela de educación, de convivencia, de dialéctica y de oratoria, a la que asistían todas las clases sociales y todas las generaciones. Y lo mismo que Cicerón dijo que en la oratoria política y forense tiene gran importancia el sabio empleo de interjecciones en la oratoria de bolera.

Entre las boleras de la provincia de Santander, ninguna tiene tanto abolengo como la de Puente San Miguel. Sus 25 metros de “tiro” y sus diecinueve de “birle”, hicieron que nadie pudiese considerarse jugador de bolos sin revalidar su título en la bolera del Puente. Estaba enclavada dentro de un añoso robledal –que en el pueblo llamaban “La Robleda”-junto al Saja, y en la tarde de verano se mezclaban el ruido de los bolos al caer, el de las aguas del río y el de las hojas de los robles, movidas por el viento, con las palabras de los oradores de la bolera. Sus grandes proporciones y los altos robles que la circundaban, hicieron del corro de bolos de la Robleda, el ágora ateniense, el foro romano, el San Pedro de Roma de las boleras.

Cuando yo conocí a Darío –me permito llamarle como le llamo siempre en vida, porque si le llamaba don Darío adivinaría el grato recuerdo de nuestra amistad –los años ya no te dejaban llegar la bola desde los “tiros” largos, y por eso sólo jugaba a los bolos cuando estábamos muy en confianza. Había sido un gran jugador de bolos y le fallaba el brazo en la misma medida que le sobraban experiencia del juego y entusiasmo por las buenas jugadas. Por eso, los mejores jugadores le consultaban siempre y su opinión era unánimemente respetada. Pero no era un maestro malhumorado, gruñón, ni vanidoso de su saber. Lo que él sabía se ponía al alcance de todos en voz alta, jovialmente, con alegría. Nadie supo jamás enseñar con más gracia, con más simpatía, con mayor jocunda. Una misma interjección tenía en su boca, según la ocasión y el tono de la voz, mil significaciones distintas. Darío era, sin discusión y con ello, el Demóstenes, el Cicerón, el sumo pontífice del corro de bolos de la Robleda, Ágora, foro y catedral máximos de las boleras.

Cuando los niños dejaron de jugar al toro y comenzaron a “emular” en el puente de Triana, Darío construyó una pequeña bolera para los niños, junto a la gran bolera –The grealest in the Word -do la Robleda. Cubierto con su pequeña boina y armado con su gran cachiporra –bastón de peregrino de los bolos-, se dedicó a recorrer las boleras de la provincia. Organizó unos cursos, concertó desafíos y planteó discusiones bajo el verde patio de robles o de plátanos de todos los corros de bolos donde resonaban sus comentarios agudos y joviales y su risa jocunda. Y así salvó Darío del olvido nuestro deporte vernáculo, escuela de educación, de convivencia, de dialéctica y de oratoria bolera y montañesa.

Hoy, después de muchos años, hemos vuelto a la Robleda de los amigos de Darío, que ya no llegamos la bola desde los “tiros” largos, pero llevamos aún en la memoria su recuerdo., Penurias municipales han talado sin piedad la Robleda, y apenas quedan unos viejos troncos, que dan sombra a la bolera. En la Presidencia, directivos de la Federación de Bolos, sin boina ni cachiporra. Uno de ellos al entregar una placa de plata a los familiares de Darío pronuncia unas palabras graves, engoladas, como si estuviéramos en el homenaje a un maestro de escuela. En lugar del comentario agudo y jovial, de la interjección polifacética y de la risa de Darío, un discurso y un regiamente.

Comienzan a jugar los grandes jugadores de bolos del momento. Tiran desde cerca –quince metros con raya larga y diecisiete con raya al medio-, y a los diecinueve metros de “birle” de la antigua catedral de los bolos, los han quitado ocho. Los bolos –aquellos bolos morenos y panzudos de la Robleda- son ahora pálidos y flacos. En cambio, las bolas, amparadas en los tiros cortos, han engordado mucho. Los desmedrados y escuálidos bolos se defienden mal contra ellas. Ya no se usa en el corro aquello de “buen artillero”, cuando el bolo, después de tambalearse se quedaba en pie. Hay que reconocer que los grandes jugadores actuales tiran más bolos que los del pasado y que no es nada fácil tirar tantos, por muy flacos que sean los bolos y por muy gordas que sean las bolas. Pero se tiran bolos con la misma regularidad y monotonía con que se hacen en Norteamérica los automóviles.

Como tirando al emboque –la mejor jugada- se hacen menos bolos, ya ningún jugador tira a emboque –con la sola excepción del veterano Zurdo de Bielva, que tira siempre a él, y por eso solo gana las tardes afortunadas.

En cinco horas de juego de los mejores jugadores de la Montaña, hemos visto sacar esta tarde solamente dos emboques, uno de ellos casual, ya entre dos luces. Como con esas bolas gordas se “birlan” desde el tablón, cinco bolos, cuando se los “da” bien, o se atropellan tres, cuando se los “da” mal, ya nadie tira a “arreglar” –a dejar las bolas dentro o cerca de la caja-; ya nadie tira aquellas bolas altas, “pingonas” y “retornás”, que venían desde los tiros largos rozando las hojas de las ramas más altas de los robles de la Robleda y que nadie ha tirado mejor que Cholan –el hijo de Darío, prematuramente desaparecido de la bolera y de la vida- Y como nadie sabe “arreglar” ya nadie sabe tampoco “segar” una bola.

Hoy se juega a los bolos con la misma precisión y monotonía con que se juega al “golf”. El “bogey” son cuatro bolos por bola; el “par” son cinco; alguna vez un jugador hace en una jugada seis bolos por bola, que es  “el contra par”. Hoy se juega a todo con la misma exactitud y monotonía con que se vive. El riesgo que engendra las grandes y brillantes jugadas se ha ido también de las boleras. Por eso, no creo que Darío se hubiera divertido esta tarde en la Robleda, si hubiera podido presenciar el concurso de bolos celebrado en su homenaje.

Quizá sea mejor que haya sido así. Con un juego arriesgado, lleno de azar y de jugadas brillantes –con fortuna o sin ella- hubiéramos echado aún más en falta el comentario agudo, la interjección oportuna, la risa jovial de Darío en la bolera; aquella guasa suya de la que tanto disfruté en mis años juveniles cuando era con frecuencia huésped en Puente San Miguel –de una persona muy querida de mi familia, también desaparecida- que en su niñez tuvo la rara fortuna de descubrir a su padre las pinturas rupestres en la cueva de Altamira, quien sí,  pudo descubrirlas el mundo. Como una bola alta, “pingona” y “retorná” a través del Atlántico, ya envío en este artículo mi nostalgia de aquellos días a los montañeses emigrados, por si con ello puedo “arreglar” un poco la suya.

(De “El País), de La Habana.)"


Genealogía (en construcción)...

Darío Gutiérrez y Dolores Juanco son los padres de: María Jesús (1907-1999), casada con el médico titular de Santillana  Vicente Montserrat Fernández Gómez (1900-1977), Cristina (-1990) esposa del médico de Puente San Miguel José Ruiz de Salazar () y Dolores () .....