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| ...el campo de Revolgo, sitio insigne en los anales caballerescos, lugar codiciadero para el cansado caminante, donde halla sosiego y frescura, sombra de árboles y rumor de fontanas. Roble en el campo de Revolgo.- Ricardo León. |
EL BARRIO DE REVOLGO
Las mejores casas del barrio de Revolgo eran casi todas de los mismos propietarios que las de las calles de Santillana. D. Francisco Antonio Pantaleón de Villa poseía una muy decente lindante al ábrego con el camino real y a los demás vientos con tierras propias. Otra casa era de don Jacinto Fernández de Bustamante, el dueño de la casa pegante a la del Ayuntamiento. También tenía allí casa y muchas tierras el Familiar del Santo oficio de la Inquisición de Navarra, vecino de Oreña, D. José Joaquín Barreda Yebra. Igualmente eran propietarios de tierras y edificios en Revolgo D. Pedro Velarde, vecino de Oviedo; D. Juan Gómez del Corro y Manuela García de la Torre.
Vecino popular de este barrio era el carpintero Vicente de Velasco, hidalgo de 52 años que vivía en casa propia, donde tenía su taller, con su mujer, un hijo menor y dos hijas. El carpintero tenía dos yuntas de bueyes y algunas tierras que cultivaba. En su oficio trabajaba unos 180 días al año y su jornal se estimaba en 4 reales al día.
La casa de Pedro García Tagle se hallaba en completa ruina. García Tagle pertenecía al estado de los hijosdalgo y no tenía oficio alguno, por mantenerse él y su hija única de limosna en casa de D. Matías Sánchez de Tagle, el rico mayorazgo de aquel barrio. En este había poco ganado: Manuela García de la Torre poseía una becerra, Luisa de Velasco, dos vacas y el carpintero dos parejas de bueyes.
En Revolgo se hallaba la escuela pública de primeras letras cuyo edificio era propiedad del Ayuntamiento. En el memorial que de las propiedades de este dio el Procurador General consta una casa “en dicho sitio de Revolgo que sirve de escuela para la enseñanza de primeras Letras en la que habita su maestro, que tiene de largo ocho varas, seis de ancho y fondo 8 y cinco de alto; linda por el solano ermita de San Roque, por el ábrego y regañón Calle peatonal” El maestro se llamaba Domingo de Argumosa Gándara, tenía 72 años y era hidalgo y viudo. El maestro de Santillana era natural de Víoño, en el Real Valle de Piélagos, vivía con un nietecito y no tenía bienes algunos en la villa. Su oficio le daba cien ducados anuales. De los conocimientos que el maestro de Santillana pudiera tener no ha quedado más prueba histórica que la caligráfica de su memorial, y esta es desastrosa, pero no olvidemos que tenía 72 años. Quizá en sus años mozos fuera un gran calígrafo.
El capítulo 47 de las Ordenanzas disponía “que por cuanto se ha experimentado gran descuido en los padres de familia en no enviar a sus hijos y hijas a la escuela de primeras Letras, a lo menos hasta instruirse en la Doctrina Cristiana, y que este es motivo para que se anden por las calles de esta villa y barrios travesando unos con otros, de que se han originado algunas desgracias, siguiendose a esto el que malogran la tierna edad en que deben ser instruidos en las buenas costumbres, y para que en adelante se ejecute, se ordena que a todos los niños y niñas que tuvieren cínco años de edad tengan obligación sus padres de enviarlos a ella, a lo menos hasta que sepan bien leer en un libro, pues de este modo podrán con facilidad aprender la Doctrina Cristiana, mayormente cuando la enseñanza la tienen los hijos de vecino sin que les cueste cosa alguna, cuyo buen celo y cuidado se encargó al Regidor general, por ser tan del Servicio de Dios Nuestro Señor.”
Otro edificio propio de la villa sito en el campo de Revolgo era el mesón u hospedería. La villa se le tenía arrendado a Francisco Rodríguez Macho en 220 reales anuales. El mesonero tenía 46 años, estaba casado y no tenía hijos, por lo que había recogido a un sobrino que en el tiempo a que nos referimos estudiaba Artes. El mesonero no tenía bienes en Santillana y con su industria ganaba unos 1.000 reales anuales. Atendían a los huéspedes la mujer del mesonero y una criada a quien pagaban 8 ducados al año. La historia lo consigna el número y calidad de los huéspedes que solían alojarse en el mesón del Revolgo, pero la contabilidad del negocio no debía de ser muy complicada puesto que el mesonero era analfabeto. El mesón tenía de largo 16 varas, 12 de ancho, 8 de alto y 10 de fondo, y lindaba por todas partes con caminos públicos. Importante vecina y propietaria en aquel barrio era doña María Fernández Calderón, ausente de tiempo atrás en el Puerto de Santa María, reíno del Andalucía. Una figura simpática, es la del joven mayorazgo de los Tagles D. Matías Sánchez de Tagle y de los Ríos, el más conspicuo caballero del barrio de Revolgo en cuya flamante casona vivía rodeado de criados, muy atento a que su hermano, y casi contemporáneo, D. Jorge, hiciera con provecho los estudios que habían de llevarle a la décima canongía de la Colegiata santillanesa.
Don Matías Sánchez de Tagle -que contaba entonces 19 años y era ya huérfano de padre y madre- se hallaba muy emparentado con todos los hidalgos y títulos del contorno. Su raza era dinámica y prolífica, dotada de una gran expansión. El más viejo de que había noticia era Sancho García de Tagle, fundador de un mayorazgo en Santillana ante el escribano García de Villa, el 20 de marzo de 1483, cuando reinaba en Castilla Isabel la Católica. En el siglo XVIII había Tagles en Ruiloba, Cigüenza, Puente San Miguel, en el mismo Santillana en el barrio de Vispieres, y en América; en la Isla de Cuba, en Chile y en los virreinatos del Perú y de Nueva España. La familia Tagle contaba entre los miembros de sus distintas ramas caballeros de las Ordenes Militares, ricos comerciantes y armadores, magistrados, inquisidores, maestres de campo, obispos y títulos de Castilla. En la sala de la casona de Tagle se conservan varios retratos de distinguidos miembros de aquella hidalga familia. En uno de ellos, que representa un prelado, se lee: El Ilmo. Señor Don / Pedro Anselmo Sanchez / de Tagle, Natural de la villa de Santillana en las / Montañas y Arzobispado de / Burgos. Colegial Mayor que / fue del Viejo de San Bartolomé el Mayor de Salamanca / del Concejo de Su Majestad. Inquisidor Decano del / Sto. Oficio de la Inquisición / de esta ciudad de Méjico / y Dignísimo Obispo de la Sta. Iglesia de Durango”. En la cartela de otro retrato de cuerpo entero de un caballero de nariz corva, boca rasgada, barbilla prominente y ojos profundos, ataviado a la moda borbónica se lee: “El Sr. Maestre de Campo;/ D. Luis Sanchez de Tagle; / Caballero de la Orden de / Alcantara, Vizconde Tagle/ y primer Marqués de Altamira/. Felipe V le hizo merced de este titulo por haberle donado / Diez y nueve y medio millones / de reales a mas de muchos y preclaros hechos”. Y en la parroquia de Cigüenza, se ve otro retrato que representa a “D. Juan Antonio de Tagle Bracho. Natural de este lugar de Cigüenza. Caballero de la Orden de Calatrava. Prior que fué del Consulado de la Ciudad de Lima en los reinos del Perú donde obtuvo el empleo de Sargento Mayor del Comercio. Primer Conde de Casa Tagle de Trassierra. Mandó fabricar a su costa este Santo Templo por los años del Señor de 1743. Rueguen a Dios por él.”
Don Andrés Sánchez de Tagle y su mujer D.ª Josefa de Valdivielso Mier tuvieron, entre otros, dos hijos: D. Luis Antonio y D. Francisco, ambos Caballeros de Alcántara. Don Francisco pasó a Nueva España, donde le acompañó la suerte en sus empresas, y D. Luis Antonio entró al servicio de la Real Armada y ostentaba el grado de Alférez cuando, en 1724, hicieron testamento sus padres llamándole a la sucesión de los vínculos y mayorazgos de la Casa, con lo que el marino abandonó su carrera yéndose a morar de por vida a Santillana, donde sin duda entretuvo sus horas ociosas con la edificación de la ostentosa casa del barrio de Revolgo y la repoblación de los extensos bosques de su patrimonio.
Hijo de este marino retirado y de su primera mujer Doña Casilda de los Ríos Ceballos Escalante fueron D. Matías y D. Jorge. El memorial que D. Matías envió al Juez Subdelegado de la contribución única comienza así:
"Yo D. Matías Sanchez de Tagle, vecino de esta Villa de Santillana, de edad de diez y nueve años, del estado de Hijosdalgo, sin oficio porque me alimento de mis rentas, soltero; y tengo en mi compañía a un hermano de edad de diez y ocho años, llamado D. Jorge Sanchez de Tagle, al que le doy estudios en la Ciudad de Valladolid; y asimismo tengo dos criados, el uno llamado Joseph García Tagle, Natural de esta Villa, de edad de cincuenta años, a quien le doy de limosna de comer y de vestir, y el otro llamado Juan Domingo Rodríguez, natural del Lugar de Viveda a quien le doy de soldada catorce ducados en cada un año; y tengo asimismo dos criadas, la una natural de esta villa, y la otra natural del Lugar de Mortera; y el dicho D. Jorge Sanchez de Tagle tiene un criado para su asistencia en los estudios, de edad de diez y ocho años, natural de esta villa, llamado Francisco de Agüera, a quien le doy alimento y vestuario ... “
El joven mayorazgo del Campo de Revolgo tenía tantas tierras y prados como el más acaudalado de la villa y más bosques que ninguno. Poseía también dos casas en Vispieres y diez vacas repartidas entre sus aparceros. En la calle de Juan Infante era dueño de la casa solariega edificada en 1689 y señalada actualmente con el nº16, en cuyo machón campean las armas de OLALLA, TAGLE, CEBALLOS y BUSTAMANTE en un primoroso escudo sobre cuya cimera mandó grabar el fundador el orgulloso lema: QUIEN NO TIENE OLALLA NO TIENE NADA”,algo compensado con el humilde AL FIN MORIR grabado bajo el mascarón que sostiene la cartela -que recuerda al transeunte lo efímero de las humanas vanidades. Entrando en el portal se ve todavía en el dintel de una puerta otra inscripción que dice: MUERTE, JUICIO, INFIERNO y GLORIA NO APARTES DE LA MEMORIA.
La existencia de estos jóvenes mayorazgos montañeses debía discurrir despaciosa y monótonamente, sin otro quehacer que el ajuste de cuentas con sus mayordomos y la práctica de sus religiosas obligaciones. La caza era su predilecto deporte, y principal lectura la de las lisonjeras mentiras escritas por los Reyes de Armas en sus ejecutorias. Ya en el siglo XVII un poeta montañés, D. Antonio Hurtado de Mendoza, que debía de conocer bien a sus paisanos, rasguñó en la comedia. Cada loco con su tema, la figura del hidalgo de su tierra
Vive en el monte y no en casa,
Y a la noche vuelve y pasa
Todo el libro del Becerro ...
Muy puesto en que su Montaña
Vale mas que mil tesoros,
Y pensando que es de moros
Todo lo demás de España.
La vida del hidalgo acomodado tenía que ser aburrida; con el sustento asegurado, en perpetua holganza y con pocos o ningún libro que leer, pues todas las bibliotecas que han llegado a nosotros, o que aparecen inventariadas en los antiguos protocolos escribaniles, son de obras de Teología, de Moral o de Derecho, es decir, de curas y abogados que las necesitaban para el ejercicio de su profesión; pero las obras de vaga y amena Literatura, y aún las de Historia, fueron escasísimas en las estanterías de las casas mayorazgas.
Cuando a D. Matías Sánchez de Tagle le llegó el tiempo de contraer matrimonio fué a buscar compañera al Real Valle de Piélagos, casándose con D.ª Antonia Vicenta de Velasco y Ceballos, Señora de las Casas de sus apellidos en las Presillas y Zurita.
De aquel venturoso matrimonio nacieron seis hijos, a saber:
Don Manuel Sánchez de Tagle que llegó a ser dueño y señor de la casa de Tagle del Campo de Revolgo y de las de Velasco y Ceballos en las Presillas y Zurita. Casó con D.ª Maria Evarista Tadea Góngora, natural de Tudela de Navarra, de la que tuvo descendencia. D.ª María que dió su mano a D. José Bustillo de la Concha, señor de la casa torre de Bustillo que aún alza sus muros en la Penilla de Toranzo. D. Joaquín, Caballero de la Orden de Montesa y Capitán del Regimiento Provincial de Laredo. D. José, Capitán de Ingenieros Militares que murió en la batalla de Medellín combatiendo a los franceses invasores, y D.ª María casada con D. José María de la Gándara y Llana, pariente mayor de esta casa en Castañeda.
EL BARRIO DE VISPIERES
Entre el disperso caserío del barrio de Vispieres destacaban por la suntuosidad de su fábrica y los escudos de armas que exornaban sus fachadas las casas de D. Francisco Antonio de Tagle Bustamante y de D. Juan Alonso de Bustamante. El primero de estos caballeros era vecino de Queveda y el segundo del valle de Reocín, y según dijimos al tratar de la calle de la Carrera eran dueños en ella de las casas solariegas que hoy día llevan los números 7 y 5, respectivamente.
La casona de D. Francisco Antonio de Tagle Bustamante del barrio de Vispieres medía 12 varas de larga, 9 de ancha, 7 de alta y 9 de fondo, y tenía adosada a ella una de esas preciosas capillas de las casas palaciegas montañesas, puesta bajo la devoción de Santo Domingo. Ignoro quien fuera el fundador de aquella casa y capilla, pero consta que los bienes que D. Francisco Antonio poseía en este barrio se hallaban gravados con ciertos censos a favor de una capellanía fundada por D. Toribio Pérez de Bustamante; capellanía de la que era patrono el expresado D. Francisco Antonio y cuyos réditos gozaban los frailes del convento de Regina Coeli.
La casa de D. Juan Alonso de Bustamante ostentaba en la fachada las armas de su dueño. El 25 de agosto de 1745 visitaron este edificio el escribano de Santillana -que iba en funciones de tal- Miguel de Maliaño, los caballeros alcantarinos D. Lucas de Baraya y Frey, D. Sancho Calderón Ladrón de Guevara (Regente de los Estudios de su Colegio de Alcántara), Domingo de Argumosa, maestro de primeras letras de Santillana, y el pintor Manuel González de San Martín. La visita tenía por objeto reconocer aquel solar y sus armas para el expediente de pruebas incoado para vestir el hábito de Alcántara por D. Francisco Sánchez de Tagle y Valdivielso, Pérez de Bustamante y Mier, expediente que fue aprobado el 9 de octubre de 1745. Al llegar los informantes a la casa hallábase en ella su dueño -que era primo segundo del pretendiente- y como los alcantarinos le preguntaran cuales eran las armas de Pérez de Bustamante “respondió que el apellido de Pérez es patronímico y que como tal le han usado sus antecesores, y que el escudo de Armas del apellido de Bustamante se compone de trece roeles y por orla tres flores de Lis en campo de oro, · para cuya comprobación -anota el escribano- salimos a la calle pública con dicho Juan Alonso de Bustamante quien señaló un escudo de Armas que se halla sobre la puerta principal de dicha casa que está con fachada de piedra labrada; y reconocido por dichos señores informantes conviene con la razón dada por el expresado D. Juan Alonso de Bustamante”.
Otro antiguo solar de aquel barrio era el llamado de Moreda, propio de D. Francisco Antonio de Bustamante, quien había tenido que abandonarle por hallarse en completa ruina, instalándose en la villa.
Los demás vecinos de Vispieres eran ganaderos y sobre todo labradores. Entre estos era de los más fuertes Jacinto de Reaño, hidalgo de 55 años, habitualmente enfermo, casado, con casa propia en la que vivían su mujer y sus dos hijas, una de estas casada con Alonso Herrera quien se hallaba ausente en Cádíz por algunos años. Reaño tenía 4 bueyes, 3 vacas y 4 jatos. Otro labrador hidalgo y acomodado era Juan Antonio Barreda Bracho, de 45 años, casado con María Pérez de la Sierra, de la que tenía tres hijos y tres hijas. Barreda poseía tierras en las mies de Castío, en Sopeña, al sito de Bimbral, Pasaviento, etc. Durante ciertos meses del año en los establos de la casa de Barreda se recogían dos yuntas de bueyes, cuatro vacas de vientre y cuatro novillos, “lo que se apastaran dichas vacas y novillos en los Puertos de Fresno y Aradillo, jurisdicción de la villa de Reinosa ,-escribe en su memorial Barreda Bracho- de que pagó por los novillos a 15 reales cada uno, y por las vacas 9 reales y medio”, Pero el principal ingreso de este vecino le obtenía con la explotación de la taberna de vino blanco de Santillana. La taberna era del Ayuntamiento a quien pagaba Barreda por su sisa 3.970 reales vellón; 840 reales daba al encargado que tenía en ella y todavía le quedaban libres 750 reales.
El más anciano de Vispieres era Pedro García de Sobarzo, hidalgo, de 74 años, labrador, casado y sin familia. Tenía dos bueyes en aparcería con D. Matías Sánchez de Tagle.
Otros vecinos del barrio eran Manuel García, cuyos dos hijos se hallaban en Cádiz; Francisco de Aguilera Bustamante; Juan Gómez de la Casa y José de Herrera, todos los cuales tenían, propia o en aparcería, alguna cabeza de ganado vacuno.
Curioso es el memorial de Juan Alvear, y buen argumento en contra de los que confunden la hidalguía con la riqueza. Dice así: “Joseph de Alvear, vecino de la Villa de Santillana y su barrio de Vispieres ... declaro que soy hijo de algo notorio, de edad de cuarenta años, casado, tengo un hijo varón, este menor, no tengo oficio alguno sino el labrar hacienda. Declaro ser pobre, vivo de mi sudor y trabajo sin tener mas bienes que los siguientes: una cerda de vientre.” He aquí un pobre jornalero cuyo único capital es una cerda y que declara ser hijodalgo notorio, calidad esta última que se ve en muy pocos memoriales de hidalgos acomodados.
Más suerte que a Alvear le cupo a Juan Antonio Ruiz de Somabia, hidalgo, de 62 años, casado, con tres hijos, una hembra y dos varones mayores de edad. Uno de estos estaba ausente en Indias, "Y el otro le retengo en la Villa de Cartes aprendiendo el ejercicio de boticario”, declara su padre. Somabia era el ganadero más fuerte de Santillana; llenaban sus establos 4 jatas, 10 vacas de vientre y una yunta de bueyes. Alonso de Herrera y Benito García se hallaban en Andalucía. Sus respectivas mujeres, María de Riaño y María de Cayuso, vivían en Vispieres.
Mal se debía ver para ganar el sustento María Gutiérrez (viuda, hidalga de 60 años) pues su única familia la constituían dos hijas, una de las cuales se hallaba impedida de un brazo y la otra de una pierna. No poseían otra cosa que dos jatas y dos vacas, una de estas en aparcería con D. Francisco Antonio de Tagle, vecino de Queveda.
También vivían en Vispieres José de Herrera y Manuel García. Este tenía dos hijos ausentes desde hacía muchos años; el uno en Cádiz y el otro en las Indias.
EL BARRIO DE HERRÁN
En el barrio de Herrán -situado al pie del cerro de Altamira, tan famoso por sus cuevas- se alzaban dos ermitas; una de ellas era propia del Concejo, puesta bajo la advocación de San Sebastian. La otra -fundada por un Ceballos- fue dedicada a Nuestra Señora del Pedroso y su patronato había recaído en D. Juan Antonio de Villa Tagle, el caballero de la casa del Aguila, de la Plaza.
La casa más ilustre de este barrio era la del apellido Mier, de la que era dueño el caballero de Alcántara D. Francisco Manuel de Valdivielso, habitante en la ca11e del Cantón, como heredero de su abuela paterna Doña Catalina de Mier, última señora de aquella casa que llevó el apellido. La casa de Mier ofrecía una particularidad poco frecuente en la arquitectura montañesa: su escudo de armas en vez de estar labrado en piedra, como es corriente, se hallaba pintado en colores en una cartela de madera colocada sobre la puerta principal del edificio. Este fue reconocido el 25 de agosto de 1745 por el escribano Miguel de Maliaño, el maestro de primeras letras de Santillana Domingo de Argumosa, el pintor Manuel González de San Martín y los alcantarinos D. Lucas de Baraya y Frey D. Sancho Calderón, caba11eros informantes en el expediente de ingreso en la orden de Alcántara promovido por D. Francisco Sánchez de Tagle y Valdivielso, Pérez de Bustamante y Mier. No se hallaba su dueño en la casa, pero les facilitó el acceso a ella su hermano el canónigo D. Pedro Luis de Valdivielso “a quien por dichos señores se pidió razón de las armas del apellido de Mier y dijo: Componerse de tres bandas rojas y a el lado de ellas dos estrellas de plata y bajo de la una cinco corazones, todo en campo azul, según se manifestaba de una tarjeta de madera que está fijada sobre la puerta principal de dicha casa, para cuyo reconocimiento salimos de ella en compañía de dicho don Pedro Luis y vista dicha tarjeta en esta se hallan pintadas con la división de dos cuarteles, las armas de los apellidos de MIER, y BARREDA, y en el primero están las del apellido de Mier, que convienen con la razón dada por dicho don Pedro Luis de Valdivielso”.
Aparte de la casa de Mier, las demás de este barrio eran edificios sin importancia, supongo que algunos del período gótico, habitados por labradores que además de sus tierras poseían algunas cabezas de ganado vacuno. Entre estos se contaban Vicente González, casado sin familia; Juan Domingo Bracho, también casado y sin hijos, vivía con su suegra; pegante a su casa estaba la de Josefa Díaz Canalizo, en el sitio de las Colmenas.
Tomás García de la Torre poseía seis cabezas de ganado vacuno, dos de ellas en aparcería con el convento de frailes, y dos cerdos. Lorenzo Pérez de Cossío, hidalgo, soltero de 30 años, vivía en casa propia completamente solo. También vivían solitarios en sus respectivas casas, la hidalga María García Tagle y el anciano de 74 años y viudo Manuel Díaz Tagle, labrador bastante acomodado. Manuel Díaz Tagle tenía casa propia, unas cuantas tierras, dos bueyes, dos becerras y una vaca con su cría.
El ganadero más cuantioso del barrio era Manuel Pérez de Villa que poseía una cerda y once cabezas de ganado vacuno -entre ellas dos yuntas de bueyes- todas en aparcería, excepto una pareja de bueyes que era propia. Tenía un hijo y una hija. Felipa Gómez de la Guerra y María Sánchez de San Ganzo habían quedado viudas, la primera con un hijo menor y una hija, y la segunda con sólo una hija.
José Pérez de la Lastra, de 22 años, casado, vivía con su mujer y su suegra. Era dueño de abundante labranza, de dos vacas de vientre, una becerra y dos bueyes.
Poseían casas en este barrio D. Luis Velarde, el de la calle de la Carrera nº 2; los herederos de Domingo Pérez de Villa y la capellanía de Nuestra Sra. del Pedroso. Esta se destinaba a vivienda del capellán.
En el barrio de Herrán todos los vecinos eran hidalgos. Algunos se hallaban en la emigración como Bernabé Gutiérrez, Francisco de Terán y Juan Domingo de Velasco, todos tres en Andalucía.
El barrio de Herrán estaba habitado por solitarios y familias poco numerosas. Con la hija casada solía vivir su madre, seguramente porque era hija única y al casarse fue el marido a vivir a la casa de la mujer. Casos de estos eran frecuentes en Santillana y sus barrios, como también el de matrimonios de labradores sin hijos, que contrastan con la fecundidad de las familias de los caballeros.
LOS BARRIOS DE CAMPLENGO, ARROYO Y YUSO
En el barrio de Camplengo, como en todos los barrios y mieses de Santillana, había tierras y prados pertenecientes a los Conventos dominicanos de Regina Coeli y San Ildefonso, y a la Mesa capitular de la Colegiata; pero casi todas las tierras y casas eran de los vecinos que moraban en él. Los caballeros de la villa tenían en el barrio de Camplengo muy poca propiedad. Solamente D. Luis Velarde, que vivía en la actual calle de la Carrera, núm. 2, era dueño de dos casas arruinadas y medio caídas.
A despecho de los hidalgos, el más rico del barrio era un pechero, Felipe de Cayuso, casado sin familia, de 64 años·, labrador. Tenía casa propia con bastantes fincas, una yunta de bueyes, tres vacas de vientre, dos novillos y algunas ovejas, ganado este último nada abundante en Santillana. En el huerto de la casa de Cayuso se veían ocho dujos, o pies de colmena, vivos.
Juan Pérez de la Lastra era uno de los arrendatarios de las monjas dominicas. Era hombre aficionado a la labranza y poco dado a la ganadería, por lo que las seis cabezas de ganado vacuno que poseía las había dado en aparcería a otros vecinos.
En Camplengo vivían varias mujeres cabeza de familia. En relación a su vecindario era el barrio donde habitaban más viudas o solteras. Josefa García de la Torre era hidalga, soltera y tenía dos vacas y algunas tierras. Juliana García Tagle, viuda, con una hija, era dueña de la casa de su habitación y de algunas tierras y prados donde pastaban, el tiempo que no estaban en los puertos, sus seis cabezas de ganado vacuno. También habitaban en casa propia las vecinas María García y María Gómez de la Torre.
El apellido Gómez era frecuente en este barrio. Además de María Gómez de la Torre vivían allí Juan Domingo Gómez, (26 años, hidalgo, labrador, casado, con dos hijos menores, tiene pocas tierras y dos bueyes), Manuel Gómez y José Gómez de la Casa, labrador acomodado con dos vacas propias y tres en aparcería de las dominicas. Manuel Pérez de la Fuente poseía dos buenas parejas de bueyes y Juan Antonio García de la Torre tenía dos bueyes, una vaca con su becerra, la casa en que vivía y algunas fincas.
Felipe de Cayuso no se hallaba solo en el barrio con su pechería. Le acompañaba el joven de veinte años José Sánchez, soltero, labrador, quien vivía completamente solo en casa propia a la que pertenecían algunas tierras y árboles. Dada la obsesión nobiliaria de los montañeses, la situación de estos pecheros -verdaderos islotes en un océano de hidalguías-había de ser poco envidiable.
Arroyo era un barrio pequeño de vecinos pobres, todos labradores: y bastantes del estado general o pecheros. Casi todos poseían algunas cabezas de ganado vacuno y lanar, estas últimas bastantes enfermas según confiesan sus dueños.
Pecheros. eran Matías Santos, Juan Antonio y Manuel Cayuso, la viuda María García Vela, que tenía tres hijas, y María Pérez, asimismo viuda, acomodada, quien vivía con una hija y un criado menor de edad, a quien pagaba 4 ducados cada año. Otro pechero era Antonio de García Vela cuyo ht¡o estaba loco.
Entre los hidalgos labradores -caballeros no vivían en Arroyo- Miguel González Barreda era el de más holgada posición. Tenía una hija y cuatro hijos, dos de estos ausentes en Indias. María Sánchez Calderón, hidalga, viuda de 60 años, vivía solitaria en su casa. José Fernández Calderón tenía muy pocos bienes, y Vicente García Gutiérrez -de cuya humilde casa ha quedado un bonito dibujo en el Catastro- era dueño de 12 ovejas, tres vacas, dos bueyes y dos cerdos.
En el barrio de Yuso moraban escasos vecinos y los mozos se hallaban casi todos en la emigración; unos en Cádiz y otros en las Indias. En Cádiz estaba Miguel Jareda, cuya madre María Antonia de Herrera, viuda de 43 años, hidalga, labradora, tenía en su compañía otros tres hijos y dos hijas. Poseían una casa, algunas tierras y unas pocas cabezas de ganado. En Yuso vivían también Santiago García, José Gómez, Juan García y Pedro Fernández de la Maza, uno de cuyos hijos se hallaba en Indias. Todos eran labradores poco cuantiosos, pero muy hidalgos. D. Santiago Gutiérrez de Jareda, presbítero y cura del Concejo de Ibio en el valle de Cabezón, natural de este barrio, había heredado en él, de sus padres, casa, tierras, prados, árboles y ganados, de los que disfrutaba gratuitamente su sobrino José García Velarde.
La vida de aquellos labradores hubo de ser estrecha y miserable. Hoy nos asombra como podían sustentarse aquellas familias con los poquísimos bienes de que disponían, pues entonces la mayor parte de la Montaña era bosque y tierra erial. Salvo contadas excepciones, los montañeses de aquellos siglos no conocieron el gasto superfluo y sí sólo el estrictamente necesario para subsistir malamente.
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