viernes, 10 de julio de 2026

Marqués de Comillas

 

Copia de Fundación Wikimedia

López y López de Lamadrid, Antonio Víctor

    Pocos españoles y desde luego ningún montañés, al menos en la península, han logrado acumular, a lo largo de su existencia terrena, tanto dinero, poder, fama, polémica como éste ahora microbiografiado, pues él, por sí solo, pudiera llenar varios volúmenes: 

    Es en la hermosa villa marinera de Comillas donde viene a la vida el trece de abril de 1817 un niño luego bautizado como Antonio Víctor López y López de Lamadrid; fue el segundogénito del matrimonio compuesto por don Santiago López Ruiz de Piélago, nacido en la localidad cántabra de Ruiloba y doña María López de Lamadrid Fernández-Conde, natural de la misma Comillas; sus otros hermanos fueron Genara y Claudio; era aquel un hogar de muy humilde condición económica y fuertes sentimientos religiosos sinceramente practicados a diario. 

    El padre de Antonio falleció en Cádiz a la temprana edad de veinticuatro años, cuando el niño contaba dos; doña María y sus todavía tiernos retoños hubieron de padecer por esa causa una penosísima existencia: hambre, frío penalidades. 

    Al cumplir nueve años de edad, espoleado por la mucha miseria sufrida, marcha el pequeño Antonio a trabajar a casa de unos montañeses instalados en Lebrija (Sevilla); allí permanece unos meses, pasando luego a Cádiz: tras recorrer más tarde otras varias poblaciones andaluzas y sin convencerle el trato recibido por parte de sus paisanos asentados en Andalucía, retorna a la bella Comillas con una idea bulléndole en la cabeza día y noche; largar amarras a las Indias, emigrar a Cuba; desde chicucio mostró Antonio poseer fuerte carácter; al alcanzar la edad de trece años regresa a Andalucía embarcando en Cádiz hacia su meta soñada merced al naviero Fernández de Castro, el cual le proporciona un pasaje para La Habana a bordo de la fragata Reina de los Ángeles; nada más tocar tierra habanera empieza a trabajar como empleado de comercio en el giro de comestibles en calidad de mozo para todo. 

    El decidido chicuelo montañés traba sincera amistad con otro mozalbete de su misma edad y condición emigratoria, empleado en una tienda próxima; Manuel Calvo es su nombre; entre ambos deciden ahorrar cuanto puedan para lograr mejor vida futura; diez años transcurren desde el primer desembarco antillano de Manuel y Antonio; han trabajado como bestias en las peores condiciones, sí, pero a base de tenacidad, sacrificio, ahorro, han conseguido reunir una apreciable cantidad de dinero que invierten en harina; con un petache fletado al efecto llevan esa harina desde Santander hasta La Habana, de esa capital a Santiago de Cuba; vendida la mercancía se encuentran con una excelente granjería en pagarés y letras de cambio, papeles de difícil interpretación inmediata para ellos, muchachones carentes de estudios o conocimientos financieros; pasado el primer susto común cree el comillano conveniente echar el ancla en Santiago; arrienda por su cuenta La California,almacén de ropas nuevas y andadas, así como de artículos europeos de vestir, en esa época -años 40 del pasado siglo- de plena aceptación y consumo en la Isla de Cuba por parte de la colonia española allí instalada.

    Pocos años después Antonio López es propietario de un próspero comercio de coloniales con almacenes propios en La Habana y en Santiago de Cuba. 

    En la vivienda situada sobre La California vivía don Andrés Brú, quien hizo socio suyo a Antonio; este catalán, hombre, al parecer, apático, dejó las riendas de sus muchas posesiones insulares en manos del comillano; Pancho Brú, hijo suyo, individuo de vida disoluta, acusó años más tarde al ya marqués de Comillas de haberse apoderado por completo de la voluntad de su padre, quien dejó todos sus negocios en su poder, así como de haberle puesto a trabajar, pese a ser un niño además de hijo de su socio, en pésimas condiciones; también, de haber logrado que don Andrés Bru le desheredase a él y al resto de sus hermanos en beneficio de Luisa, futura esposa de Antonio López; Pancho Brú dedicó todo un libro al montañés; entre otras cosas le acusa de no saber escribir, de ser un déspota, un negrero; quizás de ahí parta la leyenda -no comprobada en realidad- del Antonio López traficante de esclavos.

    En todo caso, Pancho Brú sólo fue ejemplo de persona rencorosa, amante del ocio, las mujerzuelas, las juergas. López, ya bien situado, reclama a su hermano Claudio y a su pariente y más tarde consuegro José Andrés Gayón, natural de Cabezón de la Sal; con su guapísima hija María matrimonió Claudio, segundo hijo varón de Antonio López.

    Su hermano Claudio es asociado al negocio y destinado a La Habana como jefe de sucursales y apoderado general del comercio de ropas, en expansión creciente. La economía isleña recibió, desde 1830 a 1850 enormes sumas de dinero, habiéndose especializado en escasos artículos de producción propia, por lo cual el peso económico recaía directamente en su comercio exterior; así, casi todos los artículos de primera necesidad -alimentación, ropa, calzado, entre otros- eran importados; de ahí la gran importancia que tenían los comerciantes radicados en Cuba en unos años en que apenas si existían los Bancos. 

    Cuatro años después de haberse establecido en Santiago de Cuba vuelve Antonio López a España; en la añeja península europea examina sobre el terreno dónde y cómo colocar el dinero ganado en la Perla de las Antillas; su capitalito inicial se incrementa de año en año. Antonio López contrae matrimonio en Barcelona el treinta de noviembre de 1847 con la hija del precitado don Andrés Brú, Luisa Brú Lassus, joven virtuosa, melancólica; tuvieron cuatro hijos: Antonio, Claudio, María Luisa e Isabel; de ellos, sólo Claudio tuvo larga vida. El año de su matrimonio vendió La California.

    Dos años más transcurren; Antonio López entra en contacto con el ingeniero español asentado en Cuba don Patricio Marcos de Satrústegui, a la sazón representante en la ínsula caribeña de una casa inglesa exportadora de maquinaria agrícola; con él pone en servicio una ruta marítima Guantánamo-Santiago de Cuba por el norte isleño, haciendo cabotaje amarrando en cada puerto del trayecto; el vapor cayero se llamaría General Armero,tal vez en reconocimiento a que don Francisco Armero de Peñaranda, en ese momento Capitán General de la Isla de Cuba, les facilita el pertinente permiso. 

    Tal vez del contacto comercial con Satrústegui nació la idea del montañés de trasvasar capital desde Cuba a Gran Bretaña. Invirtiendo ese capital trasegado en distintas direcciones, aunque el asunto no era nuevo. 

    Dueño de un más que considerable capital, el aún joven comillano adquiere ingenios, fincas, cafetales con sus respectivos edificios, maquinarias, mano de obra, en Santiago de Cuba; corre el año 1851.

    Es en el año 1853 cuando Antonio López determina regresar con carácter definitivo a España: se instala junto a los suyos en Barcelona, haciéndolo en el vasto, sombrío, solitario palacio ubicado en la céntrica calle Puertaferrisa, de cara a las Ramblas; desde allí se interesa por el negocio marítimo en gran escala y crea una sociedad de buques a vapor bajo la denominación Antonio López y Compañía; compra en subasta el transporte del Correo entre España y Cuba adquiriendo para ello en Amberes los barcos París y Ciudad Condal; éste es el germen de la Compañía, luego Trasatlántica, iniciada con un capital de cincuenta millones de pesetas; al morir Antonio López estaba compuesta por los vapores Antonio López, Ciudad Condal, Ciudad de Cádiz, Alfonso XII, Méndez Núñez, Santander, Comillas, Habana, Guipúzcoa, Coruña, Puerto Rico, Pasajes y Patricio Satrústegui. 

    En plena campaña bélica africana (octubre 1859- abril 1860) contribuyó con sus barcos a favor del Gobierno español en operaciones y transportes masivos de soldados pues los buques con que contaba la Armada española resultaban insuficientes; se procedió a la requisa de parte de la flota mercantil; el comillano, será, de buen grado,  colaborador activo; presta sus buques de vapor; a bordo del América, fondeado en Río Martín, contrae el cólera en febrero de 1860. 

    Cuando en España revienta la tercera guerra carlista, Antonio López, fiel a doña Isabel II, volverá a prestar sus buques al Gobierno peninsular instalando su residencia en Santander -Muelle número veintidós, segundo piso- para controlar de cerca su flota naviera. 

    También la Guerra de los Diez Años mantenida en Cuba debilita al Tesoro español; en esa situación de penuria económica el Gobierno y su depauperada Hacienda se encontraban en permanente deuda con Antonio López, quien, ante la situación, accede a que se le hagan los pagos por medio de distintos plazos. La compañía naviera del montañés, en esos años de conflicto hispanocubano (1868-1878) realizó un total de 1028 viajes transportando desde España hacia Cuba un total de cuatrocientos mil soldados.

    El comillano continuó invirtiendo en barcos, ferrocarriles, negocios azucareros; en Cuba tuvo varios ingenios con dotaciones de negros esclavos como obraje; no he logrado ver ningún documento consignando explícitamente la participación directa de Antonio López en el tráfico negrero.

    En 1876 el Gobierno español no encontraba quien le prestase el dinero necesario para sostener la guerra en Cuba contra los independentistas; López fundó el Banco Hispano Colonial junto a otros prominentes hispanocubanos contrarios a la independencia del pueblo insular antillano y adelantó la cantidad de veinticinco millones de pesetas a ese paupérrimo Gobierno peninsular tal vez persuadido de que esa élite de millonarios enemigos de dejar libre a Cuba de la tutela española dependía la salvación de la isla ultramarina, pues el establecimiento en la capital catalana de Antonio López, cabecera de la compañía de vapores de su mismo nombre, posteriormente Compañía Trasatlántica Española, puso orden y jerarquía en la red de relaciones entre Barcerlona y Cuba. 

    En último término, la Guerra de los Diez Años creó las condiciones para que Barcelona se situara en lugar destacado en el trasvase de capitales a España. En primer lugar, porque el conflicto bélico posibilitó la consolidación del futuro marqués de Comillas como una de las primeras fortunas del país a causa del papel de su compañía naviera en el transporte de hombres y pertrechos militares hacia la Isla. 

    En segundo lugar, porque los gastos de la guerra, unidos a la preponderancia de Antonio López y López y a la debilidad financiera del Estado español; dieron lugar a la creación del Banco Hispano Colonial;  que agrupó en torno suyo a lo más granado de la élite propeninsular de Cuba, que era lo mismo que decir a la élite económica que controlaba el ámbito portuario isleño.

    Ese mismo año 1876 le es dedicado el monumental poema La Atlántida por su autor, mosén Jacint Verdaguer, quien había entrado al servicio de Antonio López un año antes en calidad de capellán del vapor trasatlántico Guipúzcoa; dos años anduvo embarcado el poeta hasta ser instalado en Barcelona merced a la capellanía creada por Antonio López en memoria de su hijo Antonio, el preferido.

    Opinaba Verdaguer que el comillano era un claro ejemplo de aquella raza de luchadores que por necesidad habían tenido que abandonar matria, hogar, costumbres, gentes propias para echarse en las rutas americanas en busca de fortuna y fama; para él, todo indiano era guerrero. 

    Hombre decidido y valeroso, lograse o no su sueño de labrarse una privilegiada posición socioeconómica. 

    La dedicatoria reza así: 

    Excmo. Sr. D. Antonio López. Montando de tus naves el ala bendecida/busqué de las Hespérides la flores del azahar./ Mas ¡ay!, las amarraron / del naranjo, las olas con recia acometida / y tan sólo estas hojas que te traigo quedaron, / flotando sobre el mar. Jacinto Verdaguer. Pbro. Vapor trasatlántico “Ciudad Condal”. 18 de Noviembre de 1876.

    En 1878 el Rey don Alfonso XII lo nombra marqués de Comillas; pocos meses antes, el Monarca español le había distinguido con el Collar de Carlos III.

    En 1881 se crea a impulsos de Antonio López, la Compañía General de Tabacos de Filipinas; la producción del tabaco filipino se había desestancado por Real Decreto fechado el 25 de junio de 1881; el 21 de noviembre de ese año, López crea la Compañía General de Tabacos de Filipinas mediante la aportación de setenta y cinco millones de pesetas; en su consejo de administración se sientan viejos socios de Antonio López y las plantaciones filipinas de la nueva compañía abarcan los territorios de Santa Isabel de Cagayán, La Concepción, San Luis de Ylagan, San Antonio, San Rafael de Ylagan junto a las factorías de Flor de la Isabela, Meisic, Primera de Malabón, Camarines de la Macaria, creándose, también, naviera propia para el transporte del tabaco. 

    El ya riquísimo hombre de negocios montañés fomenta el Crédito Mercantil, del que fue presidente; adquiere al por mayor acciones de la Compañía de ferrocarriles del Norte y aparece como primera potencia en otros cien negocios de diversa índole. Veranean los reyes españoles en su mansión de Comillas y le es concedida la Grandeza de España.

    Con los años, el marqués se fue haciendo cada vez más un hombre solitario, tranquilo, sosegado; va a misas y rosarios con frecuencia, quizás conmemorando su pobre pero piadoso hogar infantil. 

    Al antiguo dependiente sin más estudios que los que la escuela rural le proporcionó en sus primeros años comillanos, le debió España su marina mercante; quizás por esa falta de estudios y por su amor a la tierra matria, “no olvidó el marqués de Comillas al pueblo que le vio nacer y en 1881 proyectó la construcción allí de un colegio de segunda enseñanza, ofreciendo el terreno y una importante cantidad de dinero a la Compañía de Jesús, pero esta idea derivó, por las presiones del padre Gómez Carral, a la construcción de un seminario cuya obra se concretó al año siguiente. 

    Muchas fueron las obras que se ejecutaron en Comillas que financió don Antonio, entre ellas merece recordar la mejora de caminos, calles y edificios públicos, así como la financiación de las obras del templo parroquial, iniciadas hacía más de doscientos cincuenta años.”

    Un dieciséis de de enero de 1883, por la tarde, púsose Antonio López a jugar su habitual partida de tresillo; sintióse algo indispuesto y se acostó; a la media hora, un derrame seroso tronchó aquella vida laboriosa y fecunda que había dejado un inmenso engranaje económico entre el cual destacaban con luz propia la Compañía Trasatlántica, la Compañía General de Tabacos de Filipinas, el Banco Hispano Colonial, el Crédito Mobiliario Español, la Compañía de Ferrocarriles del Norte de España y la Sociedad Hullera; todo ello fue llevado con buena mano por su hijo y heredero universal don Claudio López Brú, segundo Marqués de Comillas.

Copiado del Libro:

Francisco Revuelta Hatuey
Dueños de sueños
MOSAICO MONTAÑÉS-CUBANO
Santander 1995



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sábado, 20 de junio de 2026

En memoria de Lao

 Ayer, el Rvdo. Sr. D. Enmanuel Komlavi Afram, vicario parroquial  de San Pedro de Oreña, con emocionantes palabras, salmos y canticos, ofició el funeral por su amigo  Lao.  

La iglesia estaba llena de familiares y amigos y participaron en el acompañamiento del entierro en el  cementerio parroquial.


Estanislao Gutiérrez Martínez (Lao) (n. 17 dic 1944 Oreña, m. 18 jun 2026 Torrelavega).

Soltero, residencia en Viallán Oreña y de oficio agricultor-ganadero.


Estanislao, era hijo de Marceliano Gutiérrez Cayuso (1907-1994) y Emilia Martínez Prado (1915-2008).

Sus hermanos: Luzdivina (1933), Carmen (1934-2001), Ángeles (1938), Leopoldo (1940-2016), Eduviges (1943-2008), Emilia (1946), Pilar (1948-2018) y José Ángel (1950-2024).

Era nieto Paterno de Estanislao Gutiérrez González (1873-1959) y Eduvigis Cayuso García (1871-1940).

Era nieto materno de Leopoldo Martínez Quevedo (1886-1960) y Luzdivina Petra Prado Rodríguez (1892-1918).


Raíces:


mi primo carnal


Anecdotario:


Bautizado el 6 de enero de 1945, por don David Ruiz Rabre, en la capilla del Sagrado Corazón de Jesús habilitada para el culto como parroquia de Oreña. Padrinos Edistio González Gutiérrez, natural y vecino de Oreña y Oliva Cobo Corral. natural de Santillana. testigos Victorino Luguera Fernández y Ángel Castillo Ceballos, mis feligreses.

Lao ha sido el Presidente de la Asociación San Tito desde su fundación hasta su disolución.

3 fotos de confraternidad , que hace Celestino Fernández Carral, en un restaurante de Puente San Miguel, con motivo de la despedida de su prima María Teresa que vive en San Francisco del Rincón, localidad del estado mexicano de Guanajuato. (12 may 2026)

de izqda a drcha: Ángeles, Emilia, Facunda Gutiérrez Gutiérrez (1950), Margarita González Pérez (1946), María Teresa Gutiérrez Gutiérrez (1946) y Ángel Gutiérrez Gutiérrez (1942).

de izqda a drcha: Ángel Gutiérrez Gutiérrez (1942), María Milagros Castro Blanco (1952), Carmen Pérez Gutiérrez (1958), Luzdivina, Lao y Ángeles

los mismos de la foto anterior


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lunes, 15 de junio de 2026

Manuel Cuevas Gutiérrez y María del Pilar Bartolomé Jareda ("Nel y María")

 

En la boda de su hija Carmina con Pedro López, año 1954


Manuel Cuevas Gutiérrez (n. 1889 Ubiarco, m.) y María del Pilar Bartolomé Jareda (n. 10 oct 1883 Arroyo Santillana del Mar, m.), casados el 14 de febrero de 1914 en la iglesia parroquial de Santa Juliana de la Villa de Santillana.
Sus hijos: María Jesús (1915-), Manuel Marcelino (1917-), Antonio (1919-1992), Félix Emeterio (1922-) y María del Carmen (Carmina) (1925-).
Labradores y residencia en Arroyo Santillana del Mar.


Manuel, era hijo de Lázaro Cuevas (Ubiarco) y Estéfana Gutiérrez (Ubiarco).


María del Pilar, era hija de Gregorio Bartolomé Polo (n. 1857 Hornillos Palencia) y Carmen Jareda Pacheco (n. 19 may 1855 Arroyo Santillana del Mar, m.). 

Sus Hermanos: Elías (1881-) y Emeterio (1886-1964).

Era nieta paterna de Juan Bartolomé (Melgar) y Antonia Polo (Hornillo Palencia).

Era nieta materna de Manuel Jareda Herrera (n. 1828 Arroyo Santillana del Mar, m. 1888 Arroyo Santillana del Mar) y Marcelina Pacheco Díaz (n. 1827 Arroyo Santillana del Mar, m. 1903 Arroyo Santillana del Mar). 


Raíces:


Emeterio, hermano de María del Pilar, casado con María Cayuso Jareda (1889-1976) que era hermana de Elena (1888-1972). casada con Francisco Piñera García (1883-1971) hijo de Eduvigis García González (1844-1934) y ésta  hermana de Jerónima García González (1837-1915), mi bisabuela materna.


Anecdotario:



En esta foto, con ayuda de Amparo Sáez Cayuso (1937 Arroyo), identifico de izqda a drcha: a José Salces Rodríguez ("Catalino"), --, Vicente Gutiérrez Posada (1895-1969), --, Emeterio Piñera Cayuso (1926-2018), Prudencio Cayuso Jareda (1904-), Benigno Gutiérrez Oreña (1925-1981), Floriano Fernández Cayuso (1912-), José Antonio Gutiérrez Gómez (1931-2003), Amparo Sáez Cayuso (mi ayuda). A la drcha de la novia, la madre del novio  y encima de ésta Susana González Martínez (1915-1973)(*) y a su derecha María del Carmen Sánchez Prado (1928-2015), Bernardino Sáez Arroyo (1907-1991) y Antonio
Encima de Nel, Socorro Pérez Sánchez (1925-2017), esposa de "Catalino" 
(*) Susana y Floriano vivían en la casa de mi tío  Benigno Gutiérrez Posada (1882-1959) enfrente de la tienda. Carmina, iba a la costura de Susana.

Nel y Carmina

Nel y los nietos 

Nel y su pareja de vacas


 

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domingo, 7 de junio de 2026

Plácida Gutiérrez Posada

 


Plácida Gutiérrez Posada ( n. 20 sep 1879 Arroyo Santillana del Mar, m. 20 jun 1917 Arroyo Santillana del Mar)

Se casó en Madrid con Agustín Ramos Rosón (n. Cerredo Oviedo)

Hijos: Juan (n. 1906 Madrid, m. 1971 Madrid), Eusebio (n. 4 dic 1908 Madrid, m. 3 ene 1994 Santander)

Residencia en Madrid.


Plácida, era hija de Eusebio Gutiérrez Sánchez (n. 16 dic 1856 Cerrazo Reocín, m. 28 feb 1944 Arroyo Santillana del Mar) y Josefa Posada Iglesias (n. 8 jul 1857 Arroyo Santillana del Mar, m. 12 may 1919 Arroyo Santillana del Mar).

Hermanos: Benigno (1882-1959), Francisco (1887-1960), Andrés (1890-1972), Joaquín (1894-1969), Vicente (1895-1969), María Victoriana (1898-1918) y Ángel (1901-1992).

Era nieta paterna de Vicente Gutiérrez Quevedo (n. 1817 La Busta, m.) y Plácida Sánchez Martínez (n. Barcenaciones, m.).

Era nieta materna de Andrés Posada Sánchez (n. 12 nov 1819 Arroyo Santillana del Mar, m. 20 sep 1878 Arroyo Santillana del Mar) y Francisca María Iglesias Sánchez (n. 8 dic 1820 Yuso Santillana del Mar, m. 9 mar 1878 Arroyo Santillana del Mar).


Raíces: 

mi tía.

Anecdotario:

murió de tuberculosis 

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Eusebio Gutiérrez y Josefa Posada





domingo, 31 de mayo de 2026

Rumbo a Cuba

 

... en investigación. Foto en Oreña de Cuba 

(De La Revista de CANTABRIA Nº 101 Octubre-Diciembre, 2000)


Rumbo a Cuba
el periplo vital de los emigrantes cántabros en la perla de las Antillas


Francisco Revuelta Hatuey


    El pasado 24 de octubre se cumplió el 150 aniversario del nacimiento de Ramón Pelayo, marqués de Valdecilla, célebre indiano de Cantabria, que partió con 14 años a Cuba y consiguió, con apenas 30 años, reunir una de las mayores fortunas de la isla. Pero desde el primer colombino hubo cántabros embarcados que hollaron la isla de Cuba; y de Santander partieron hacia la perla de las Antillas, sin interrupción, sucesivas oleadas de emigrantes durante trescientos años. Sin embargo, es a mediados del siglo XIX cuando la expatriación se hace masiva. Es entonces cuando la ebullición emigratoria tiene pleno hervor humano; cuando muchos montañeses campesinos desean largar amarras hacia la imaginada e idílica tierra del sol.


    La alegría, la fortuna pronta y fácil, el cambio de rumbo social y económico … todos van a tratar de imbricarse desde lo más profundo de sus sueños de mejora material, pero sin olvidar la esencia de su ser común, su tierruca natal, pues no marchan por capricho dejando el solar donde nacieron y se criaron. El viaje suponía una vuelta al calcetín de su vida: algo se quiebra dentro al ver, desde el barco transportador, alejarse lentamente ese pedazo de geografía en cuyo interior laten tics conocidos y queridos en cada rincón.

    Desde tiempo atrás huronean sobre España múltiples calamidades: hacinamiento, malas condiciones higiénico-sanitarias, crisis de subsistencias; demografía negativa por culpa de la imparable emigración, la cual se ve agravada a partir del último tercio del siglo XIX.

    En esta era se cuida con especial mimo al emigrante no clandestino. En el año 1853 se levantaron las viejas restricciones migratorias; y, en esta época liberalizadora, entra en vigor la real orden de 31 de enero de 1873 por la cual se suprimía la fianza de 320 reales por emigrante exigida a los armadores de las embarcaciones. Posteriormente, otra real orden, de 8 de abril de 1903, suprimía también el pasaporte para la emigración.

    El continuo expatriarse de la muchachada cántabra en fase cercana o inmediata a contraer matrimonio y tener descendencia, motivó, en un período no demasiado prolongado, un auténtico estancamiento en lo que hubiera debido ser normal desarrollo de la población provincial. Ello produjo un envejecimiento no deseado, si bien existen bastantes controversias y no escasas dudas sobre el tema. En todo caso, parece innegable el hecho de que fue la masiva emigración de la juventud santanderina en su conjunto la causa principal de que la entonces provincia tuviese un menor crecimiento poblacional en relación con el resto de España. Mientras tanto, los países que recibían aquella carga humana sufrieron un aumento de sus poblaciones, no ya por los emigrantes que llegaban sin parar, sino merced a los hijos que tenían allá una vez instalados.


LIGEROS DE EQUIPAJE

    Los que emigran, ¿adónde van cuando salen desde Santander, pretendiendo ensanchar un porvenir que en su tierra les es negado? No sólo a Cuba, pues se dispersan por México, Argentina, Venezuela, Chile y Perú, que son los países más receptores de montañeses. También, Francia, Alemania, Inglaterra, Nueva York, Jamaica, Puerto Rico y Brasil.

    El equipaje que portaban solía componerse de tres camisas de estopilla; un vestido completo de mahón, otro día de fiesta, y un tercero para diario; una colchoneta, una manta, un arca de pino para guardar ropa, además de comida y bebida para el viaje. A bordo, miedo a lo desconocido, mareos, pequeñas peleas; dormían sobre diversos rincones tapados con mantas, viejos abrigos, chaquetones que también servían para librarse del frío nocturno, pues iban en su inmensa mayoría en las bodegas, sobre tablas de pino y en lugares insanos. Nada importa: son sueños que convertirán en realidad volviendo cargados de oro, fama, un título nobiliario, un Don… De cuantos emigrantes desembarcaron en Cuba, un poco menos de la mitad lo hacían en el puerto de San Cristóbal, de La Habana, capital insular. Lo primero que veían los chicones recién llegados era el incesante bullebulle de los muelles, la actividad comercial constante de todo el año. De allí la eminente posición de Cuba en la producción de tabaco y azúcar, principal puerto de embarque de esas valiosas mercancías con destino al resto del mundo.


NAVÍOS MONTAÑESES

    Santander pasa de villa a ciudad el 29 de junio de 1755, gracias a la mediación del padre Rábago, confesor privado del rey Fernando VI; se abría así la ruta Santander-América, teniendo las naves que de aquí partían como puerto principal de destino el de La Habana. Se exportaba, como mercaderías más solicitadas en puertos de la América española, harina, hierros salidos de las afamadas ferrerías montañesas (rejas de arado, anclas, clavazones, hachas, ollas, tijeras, agujas); envases de vidrio, espejos, abanicos, telas extranjeras, sidra, cerveza, vino, anís; quesos, jamones, confituras, anteojos, calzados, vestidos de hombre, mujer, niño, y cientos de diversos objetos.

    De entre los muchísimos navíos matriculados en Santander que hicieron durante cerca de trescientos años viajes americanos con rumbo a La Habana, se pueden citar los siguientes: el bergantín “San Francisco de Paula”; la fragata “San Juan Bautista”; la fragata corsaria “Nuestra Señora del Carmen”; el bergantín “San José”; la fragata “Aníbal”; la goleta “Palafox” (alias “La Unión”); la fragata corsaria “San Juan Bautista” (alias “Diana Meridional”); el bergantín “El Atrevido”; el bergantín “San Andrés Apóstol”; la fragata “Fauna Habanera”; el bergantín-goleta “Juliana” y la corbeta “Doña Flora de Pombo”.


LA HUELLA CÁNTABRA

    Por regla general, los cántabros recién llegados solían vivir con los propietarios de los comercios en que trabajaban, sobremanera si lo hacían como dependientes, aunque algunos solían independizarse. Lo primero que han de hacer es cambiar la ropa para mejor acomodar el cuerpo al clima antillano, más húmedo, sí, pero muchísimo más caluroso que el de la mayoría de los lugares de su tierra. Se ocuparon, principalmente, en comercios e industrias como dependientes, o en calidad de sirvientes, o empleados de obra, o lo que fuera… antes de ir a tumbar caña a las vegas, o a la mina, reventadoras tareas mal pagadas.

    Pronto fueron los montañeses conocidos como eficaces y valorados dependientes, lo cual queda reflejado en la más famosa novela cubana de todos los tiempos: “Cecilia Valdés”.

    El montañés es cauto, reverencial hacia la naturaleza, sin egocentrismos conocidos privada o públicamente. Quizás, de los españoles, sea el más dado a lo universal; fija su atención preferente en un quehacer sin eco.

    Su impermeabilizado carácter, firmado en largas tragedias marinas en parte, piedra esculpida en cien países lejanos al suyo propio, y pastoreo interior de ganado vario, parece abrirse a través de su cotidiana labor en manifestaciones volcadas en tareas acabadas cabalmente, pero sin que la mano derecha conozca lo que hace la izquierda.

    El montañés fue en Cuba aglutinador de normas en lo familiar y de humanidad sincera en lo social; la familia montañesa tradicional, en su conjunto hoy regional, bien pudiera representar al hogar cubano de antaño.

    La Sociedad Montañesa de Beneficiencia, El centro Montañés de La Habana, y la Sociedad Montañesa de Recreo de Matanzas son un claro ejemplo de esa presencia de los cántabros en la comunidad cubana.


LA SOCIEDAD MONTAÑESA DE BENEFICENCIA

    Una de las máximas aspiraciones de los asociados a esta benemérita institución era la de honrar, desde la distancia, a la hoy Cantabria, mediante sus benéficas acciones desde el mismo día de su constitución, allá en 1883. Los montañeses expatriados, unidos en torno a la Sociedad Montañesa de Beneficencia, no sólo acudieron a cubrir las necesidades materiales y espirituales de sus hermanos, allí en Cuba, en múltiples ocasiones su ayuda llegó oportunamente a paliar diversas desgracias acaecidas en distintas épocas, (la susodicha Sociedad Montañesa de Beneficencia mantuvo una vida activa desde su fundación en 1883 hasta el año de 1959) en diferentes pueblos de la entonces Santander. A la magnífica administración de sus sucesivas juntas directivas y al entusiasmo sin límites de sus cientos de asociados debióse su progreso contínuo.

    En Santander capital, siempre estuvo atendida, desde la habanera Sociedad Montañesa de Beneficencia, la Gota de Leche.


EL CENTRO MONTAÑÉS DE LA HABANA

    Fue realmente ejemplar la labor llevada a cabo por todos y cada uno de los integrantes del centro Montañés de La Habana, creación motivada con el propósito de reunir a los emigrantes de la entonces Santander, así como a sus hijos y a tantos cuantos simpatizasen con la singular tierra del norte peninsular. Cuando se consiguió la unión de las gentes, se procuró dar a los montañeses recreo agradable y sana expansión en sus jornadas de descanso, así como proporcionar los necesarios medios educativos a quien así lo desease.

    Poco a poco, el Centro Montañés de La Habana fue fortaleciendo su cordón umbilical entre los naturales de La Montaña y los cubanos. Fue fundado este ejemplar centro el 20 de noviembre de 1910, y estaba compuesta la primera comisión gestora por Gerardo Villanueva, Marcelino Santamaría y José Salas, siendo nombrado presidente el primero de ellos.

    Con el trascurso del tiempo se consolida la entidad sociobenéfica, desarrollando diferentes actividades culturales, benéficas, sociales, educativas, recreativas, espirituales y de confraternidad hispanocubana. La asistencia sanitaria fue, además, capítulo principalísimo en sus tareas diarias.


LA SOCIEDAD MONTAÑESA DE RECREO DE MATANZAS

    A principios de los años veinte se celebró en la histórica ciudad cubana de Dos Ríos una reunión en el hotel La Dichosa, propiedad del hijo de La Montaña Lorenzo Mier. En ella quedó constituida una nueva sociedad recreativa: la Sociedad Montañesa de Recreo de Matanzas.

    Esta institución tuvo su domicilio social en la calle Veinticuatro de Febrero, número once, y en ella, además de ayudar a quienes así lo requerían en el plano benéfico-social, docente, etcétera, se enseñaban danzas montañesas a los más jóvenes, así como todas aquellas costumbres dejadas atrás pero jamás olvidadas por quienes llevaron a término un deseo: erigir en la localidad insular una parcelita de su querido lar montañés.

    Con los años, un puñado de transterrados cántabros manejarían el motor económico de la isla de Cuba, desde Antonio López o Ramón Pelayo a Laureano Falla, el último indiano verdaderamente millonario. Los más se situaron bastante bien, y sólo unos pocos hubieron de regresar como a la ida: sin nada. Pero, por un tiempo, fueron lo que habían querido ser, dueños de sueños.

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Dueños de Sueños” es el título del libro publicado por Francisco Revuelta sobre los montañeses en Cuba, del que proceden la mayor parte de las ilustraciones de este reportaje.


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viernes, 29 de mayo de 2026

Federico Gutiérrez González y Altagracia Pérez Miranda



Federico Gutiérrez González (n. 18 abr 1863 Caborredondo Oreña, m 28 ago 1989 Pozo Catá, barrio Pablo Suárez Cuba) y Altagracia Pérez Miranda (n. Pinar del Río Cuba, m.), casados el 2 de diciembre de 1891 en Pinar del Río Cuba.

Sus hijos: Dolores, Consuelo, Rita y Félix

Labradores con residencia en Dimas, Cuba.  


Federico era hijo de Vicente Gutiérrez González (n. 9 dic 1835 Puente San Miguel, m. 24 mar 1897 Viallán Oreña) y Leonor González Herrera (n. 20 ago 1841 Perelada Oreña, m. 20 0ct 1931 Viallán Oreña).

Sus hermanos: Juan Manuel (1861-), José (1865-), Guadalupe (1866-1931), Eugenia (1868-1956), Alejandro (1869-1899), Dolores (1872-), Estanislao (1873-1959), Manuel (1875-1961), Avelinda (1877-1963), Antonina (1880-1880), Benito (1882-1885) y Celedonio (1884-1885).

Era nieto paterno de Felipe Gutiérrez González () y Josefa González Rivas ().

Era nieto materno de Ángel González González (1808-1851) y Juana Herrera Cacho (1815-1892).

 

Altagracia era hija de José Pérez y Rita Miranda

Sus hermanos:

Era nieta paterna de

Era nieta materna de


Raíces:


Federico era hermano de mi abuelo materno Estanislao



Anecdotario:











Leonor González Herrera 

 Conocida como “la herrera”, por apellido y profesión del marido.

    Nace en Perelada el 20 de agosto de 1841, bautizada el 22 de agosto de 1841 por el cura párroco del lugar de Oreña Don Francisco de la Hoz, fueron sus padrinos Francisco Ruiz natural del lugar de Ubiarco y Lucía González su mujer y vecinos de este lugar de Oreña; muere en Viallán el 20 de octubre de 1931 y le da sepultura  el 21 de octubre de 1931, Don David Ruiz Rabre, cura ecónomo de la Parroquia San Pedro Apóstol de Oreña, en el cementerio parroquial.

Tataranieta de Pedro González del Piélago (n. 1718 Padruno, m. 1788 Padruno) y María Fernández de Ceballos (n., m. 1778 Padruno y enterrada en la Capilla mayor de la Iglesia Parroquial de Oreña).

Era hija de Ángel González González (n.1808 Padruno, m. 1851 Padruno) y Juana Herrera Cacho (n.1815 Polanco, m. 1892 Viallán)

Sus hermanos: Manuela (n. 1838, m. 1910) casada con Antonio Valdés; Juan Manuel (n.1840, m.1870 La Habana); José (n.1846, m.1890); y Miguel (n.1851, m.)

Casada en la Iglesia Parroquial de San Pedro de Oreña, el 21 de enero de 1860, por Don Gregorio Mijares, cura ecónomo de la expresada Parroquia, con Vicente Gutiérrez González Rivas “el herrero” (n.1835 Villapresente, m. 1897 Viallán)


Sus Hijos :

1.- Juan Manuel (n. 1861, m. Cuba); 2.- Federico (n.1863, m.1949 Cuba); 3.- José (n. 1865,  m.) casado con Luisa Sáez Fernández; 4.- Guadalupe (n.1866 Caborredondo, m.1931) casada con  Tomás Sánchez Cayuso (n.1867 Caborredondo, m.1948 Viallán); 5.- Eugenia (n.1868, m.1956 Puente San Miguel) casada con Raimundo Bravo Acereda (n. 1873 Villapresente, m. ); 6.- Alejandro (n.1869 Caborredondo, m.1899); 7.- Dolores (n. 1872- m.); 8.- Estanislao (n. 1873, m. 1959 Viallán) casado con Eduvigis Cayuso García (n.1871, m.1940); 9.- Manuel (n.1875 Viallán,  m. 1961) casado con María Martínez Quevedo (n. 1881 Camplengo,  m.1918); y 10.- Avelinda (n.1877 Viallán, m.1963) casada con Marceliano González Ruiz (n.1879, m.1914 Viallán).

  

Una carta

 " Habana Abril 20 de 1922

Sra Leonor González

Oreña

Mi queridísima madre me figuro el asombro que le causará recibir esta carta después de tantos años de ausencia y después de tanto tiempo de no saber de Vd.

Hace algunos años (no recuerdo fijo) le escribí y al mismo tiempo le remití con un propio, alguna cantidad de dinero, que Vd. recibió y me lo mandó a decir y después muchas veces se lo escribí y nunca más volví a tener carta de Vd.

Hoy providencialmente aprovecho la oportunidad de que va a Santander un primo hermano mío hijo de mi tío Natalio (Q.E.P.D.) y cuñado de Vd con el cual le mando esta.

Vd. puede figurarse lo que siento en el alma no poder ser yo mismo el que pudiera llevarla pero Dios no lo ha permitido nunca y creo difícil que pueda volver a esa y abrazarla como quisiera y estrecharla junto a mi corazón como cuando pequeñito hacía Vd.

El portador como le digo es primo mío y además ahijado, lo cual es un doble parentesco que nos une y nos hace querernos mucho, pues en mis viajes a la capital de este país voy siempre a donde ellos viven y trabajan y siempre me reciben con los brazos abiertos y llenos de cariño por lo que le ruego los reciba a ellos como si fuera yo mismo y así cuando ellos vuelvan a su tierra que me traigan algo del calor de su corazón y de su cariño.

De mi hermano Federico le diré que se encuentra bien, por cierto que unos días antes de venir a la Habana para despedir a los que esta le llevan a Vd quise comunicarme con él y decírselo; pero no me fue posible por estar muy lejos del pueblo donde yo vivo y trabajo.

Pregúntele todo lo que Vd quiera de mi y de mi familia y sepa que la última noticia que tuve de Vd me la dio Bonifacio Castro y después volví a escribirle y todo fue inútil.

Le ruego me mande algunas letras suyas, para conservarlas como una reliquia de la que me dio el ser y de la que teniendo tantos deseos de verla, siempre se me hace imposible lograrlo, o por lo menos hasta ahora, pues no todos los que aquí vienen logran triunfar ni ver siquiera en parte logrados sus deseos.

Recibe mi buena Madre, con estos mal escritos renglones el cariño y un abrazo muy sentido que con el alma le manda su hijo que le pide su bendición

Juan Manuel "



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domingo, 24 de mayo de 2026

Félix Bielva Cuevas y Milagrines Rodríguez Cuevas

 

 Milagrines y Félix en sus bodas de oro

Félix Bielva Cuevas (n. 1935 Santillana del Mar, m. 2020 Torrelavega) y Milagrines Rodríguez Cuevas (n. 1937 Santillana del Mar, m. 2019 Santillana del Mar), casados en La Colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar.

Sus hijos: María Lucía, María José, José Félix y Manuel

Jubilados de SNIACE y bazar Colegiata

Residencia en Santillana del Mar


Félix era hijo de José Bielva Allende (n. 1907 Santillana del Mar, m. 1959 Oreña) y Pilar Cuevas Cayuso (n. 1913 Santander, m. 2004 Oreña).

Sus hermanos: José (1937-2012), David (1939-2005) y Jesús Antonio (1944-2024).

Era nieto paterno de Félix Bielva Fernández (n.1874 Santillana del Mar, m.) y Soledad Allende Bolado (n.1878 Villapresente-, m.1969 Santillana del Mar).

Era nieto materno de David Cuevas González (n. 1877 Rioseco Cinco Villas. m. 1920 Oreña) y Serafina Cayuso Iglesias (n. 1882 Oreña, m. 1920 Oreña).


Milagrines era hija de Salvador Rodríguez Seco (n. 1906 Santillana del Mar, m. 1995 Santillana del Mar) y Milagros Cuevas Rodríguez (n. 1912 Herrán Santillana del Mar, m.1997 Santillana del Mar).

Sus hermanos: María Concepción (1911-1992), Ángel (1914-2001), Florentino (1915-1985), Julio (1916-1998), Brigido Manuel (1920-), Dionisio David (1920-) y María Manuela (1924-2005).

Era nieta paterna de Rafael Rodríguez Riaño (n. 1871 Santillana del Mar, m.) y Patricia Seco García (n. 1874 Santillana del Mar, m.).

Era nieta materna de Ángel Cuevas López (n. 1886 Herrán Santillana del Mar, m.1956 Santillana del Mar) y Lucía Rodríguez Ventisca (n. 1883 Herrán Santillana del Mar, m.).


Raíces:


Serafina Cayuso Iglesias, la abuela materna de Félix, es hermana de Constantina (1870-1923), casada con Agapito González Vela (1859-1916), padres de Jesusa (1896-1970), esposa de Vicente Sánchez Gutiérrez (1896-1944) primo carnal de mi madre Leonor.

Anecdotario:


(en construcción)

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