sábado, 21 de febrero de 2026

HIDALGOS Y PECHEROS - CABALLEROS Y LABRADORES - AMBIENTE SOCIAL - PROFESIONALES - ARTISTAS - MINISTRILE FUNCIONARIOS - ARTESANOS Y TENDEROS (4ª Parte Santillana del Mar en 1753)


En un apacible rincón de la Montaña, apartado del bullicioso comercio de las gentes, hay una villa singular, famosa en los anales de la historia y de la fábula, reliquia venerable de la España vieja, lugar de poesía y de silencio, que se llama Santillana del Mar. Vista de Santillana.- Ricardo León

 HIDALGOS Y PECHEROS - CABALLEROS Y LABRADORES

AMBIENTE SOCIAL

    Al tratar de las clases sociales santillanesas, la primera división que debemos establecer es la de Hijosdalgo y Pecheros; los primeros son nobles y los segundos, llamados también Hombres buenos, pertenecen al estado general. En cuanto a la sangre no existe diferencia entre los hijosdalgo, pero en cuanto a los medios de subsistencia la sociedad en que vivían les dividía prácticamente en Caballeros y Labradores. Los Caballeros se mantenían de sus rentas o del ejercicio de alguna profesión liberal, y cuando explotaban sus fincas lo hacían por medio de criados. Los Labradores trabajan directamente las tierras que poseen o llevan en renta. La pobreza no empañaba la hidalguía, ni se perdía la condición de noble por el ejercicio de las más humildes profesiones. José de Alvear, vecino del barrio de Vispieres, declara ser hijodalgo notorio y que su único caudal es una cerda de vientre, por lo que vive con el sudor de su rostro, empleándose de jornalero. Pedro García Tagle, Maria Barreda, María de Herrera, Ventura Villegas y otros varios vecinos, son hidalgos y pobres de solemnidad.

    Los caballeros gozan de uno o más vínculos o mayorazgos fundados por los más afortunados de entre sus ascendientes. Este mayorazgo pasará a la muerte del caballero a su hijo o hija mayor -cuando el mayorazgo es regular, pues en la escritura fundacional puede estipularse otra cosa- y los hijos segundones, tercerones y siguientes, se ven precisados a buscar fortuna en las Indias o en Andalucía, o ingresando en el Ejército o la Armada. La profesión de marino es la predilecta entre los hijos de los caballeros santillaneses. Cuando ingresan en el Ejército suelen sentar plaza de cadetes en las Reales Guardias de Infantería Española. Muchos de ellos desempeñaron importantes cargos en los Cabildos Catedrales de España y sus Indias. Otros fueron dignidades o canónigos en la Real Iglesia Colegial de Santillana.

(1) Arch. del Instituto Nacional de Santander. Libros de Actas de La Real Abadia de Santillana. Legajo sin núm. de la donación Sautuola

    El mayorazgo busca compañera entre las mujeres de su calidad de la comarca, prefiriendo a las que también eran o habían de ser mayorazgas. Es raro el caso de D. Matías Sánchez de Tagle que casó con una señora de Tudela de Navarra. Famoso fué el matrimonio de D. José de Barreda Calderón, mayorazgo de los Barreda Bracho de la Plaza, con Dña. María del Rosario de Pereda y Cos, mayorazga del palacio de su apellido en la calle de Santo Domingo, con el que se juntaron en una sola las dos más ricas casas de la villa. Las jóvenes hijas de los caballeros encontraban marido entre los hidalgos de la tierra o de la ciudad de Palencia, sin que acertemos a explicarnos el origen de estas cordiales relaciones entre las familias santillanesas y palentinas.

    Cuando las damitas fracasaban en sus intentos matrimoniales o se sentían llamadas por especial vocación al estado religioso, tomaban el velo de las esposas de Cristo en los conventos de Santa Clara de Santander, en el de Canónigas Reglares de San Ildefonso de Burgos, clarisas de Carrión, bernardas de San Andrés de Arroyo o dominicas de San Ildefonso de Santillana, que era lo más frecuente.

    El único caballero cruzado que residía habitualmente en la villa era D. Francisco Manuel de Valdivielso, sobre cuya bordada casaca se veía la verde venera de Alcántara. De la Orden de Calatrava habían sido los padres de don Francisco Miguel de Peredo, de D. Pedro Antonio de Barreda Bracho y del joven D. Matías Sánchez de Tagle; pero estos buenos hidalgos, bien avenidos con la callada vida pueblerina, en la que poco brillaban aquellos hábitos y veneras, no se decidieron nunca a vestirlos. La Orden más extendida entre los caballeros segundones nacidos en la villa y que habían salido fuera de ella a la conquista de grados en la Real Armada era la de San Juan. A ella pertenecían los hijos de D. Francisco Manuel de Valdivielso, D. Andrés y D. Pedro, y habían de pertenecer D. Blas y D. Pedro Tomás, hijos de D. Pedro Antonio de Barreda Bracho, el de la Plaza. De la Orden de Calatrava era D. Benito Antonio de Barreda Villa, (hermano de D. José Domingo de Barreda Yebra y Villa, señor de la Torrona y la Torre de Borja) quien se hallaba ausente desempeñando los importantes cargos de Alcalde de Casa y Corte, miembro del Consejo de S. M. y Ministro del Real Consejo de las Órdenes. En Santiago se cruzarían con el tiempo D. Francisco Dionisio y D. José Domingo, asimismo hijos de D. Francisco Manuel Valdivielso, el del Cantón.

    De la vida doméstica de aquellas linajudas familias han pasado a la Historia los suficientes detalles para que nos la imaginemos despaciosa y tranquila, alejada del mundanal ruido, saturada de preocupación nobiliaria, profundamente religiosa, sin otras inquietudes que las provenientes de la vida aventurera de sus hijos: emigrantes, militares y marinos. La pleitomanía que durante el siglo XVII ocupa sus horas y consume sus caudales entra en curva descendente con la decimaoctava centuria. Quizá se celebraran tertulias en aquellas casonas hidalgas a las que asistirían los señores beneficiados y canónigos, y los oficiales de los Batallones frecuentemente alojados en Santillana. Principales motivos de reunión eran las bodas, romerías y funerales. En estas últimas funciones, y siempre que se trataba de honrar la memoria de los ascendientes, desplegaban los caballeros toda la pompa compatible con sus recursos económicos. Estos nunca fueron cosa extraordinaria: el más rico caballero de Santillana, D. Pedro Antonio de Barreda Bracho Ceballos y Campuzano, tenía 23.617 reales vellón de renta. Claro está que para medir la importancia de esta cantidad hay que situarse en aquella época y considerar el formidable poder adquisitivo que a la sazón tenía el dinero.

    Los hidalgos labradores malvivían con el cultivo de sus haciendas, siempre puesta la vista en las Indias y en Andalucía, tierras de promisión cuyas riquezas, que ellos se imaginaban fabulosas, eran origen de casi todas las fortunas de la Montaña. Los hijos de los labradores emigraban generalmente a Andalucía y los de los caballeros al Virreinato de Nueva España.

    En Santillana y sobre todo en sus barrios de Camplengo y Arroyo habitaban bastantes pecheros, cuyos intereses se hallaban eficazmente representados en el Consejo por un Regidor y otros oficiales de Justicia. 

    Las tertulias de las familias conspicuas tenían su equivalente entre los labradores en las Hilas y Deshojas, reuniones de personas de ambos sexos celebradas junto al fuego de las cocinas con pretexto de hilar el lino, deshojar las panojas de maíz o desgranar las alubias. Contra esta secular costumbre de las hílas, -que con el corro, o baile dominguero, constituía la única vida de sociedad de las bases humildes- se pronunciaron las Ordenanzas de Santillana: “ Idem se ordena -dispone su artículo 44- que en ninguna casa de esta villa y sus barrios se permita con pretexto de hila la concurrencia de mozos y mozas solteras por las muchas ofensas que a Dios hacen en semejantes conversaciones, además de el escándalo y mal ejemplo que se da a los niños que asisten a tales casas, y lo mismo se debe entender en los molinos de esta villa y sus barrios, sobre lo cual celará la Justicia.” Esta última parte se refiere a las reuniones a que daba lugar el obligado turno en espera de la molienda, aprovechado por la gente joven para sus cortejos y devaneos.

    A pesar del escaso vecindario de Santillana, como era obligado lugar de tránsito para los que viajaban por el litoral cantábrico, residencia del Corregidor, y del Alcalde Mayor de la Abadía, y depósito de santas reliquias, muy veneradas en la comarca, era la más animada población de las Asturias montañesas. Frecuentemente esta animación se aumentaba con la estancia de algún Batallón de Infantería encargado de la custodia de las costas.

    En primavera y verano las calles de Santillana, a la hora del atardecer, terminadas las faenas del campo y los quehaceres de los artesanos, presentarían un aspecto animado y simpático; labradores que volvían de sus tierras cargados con los frutos de sus cosechas y los aperos de labranza, hidalgos y canónigos que regresaban de su cotidiano paseo, frailes dominicos que marchaban hacia su convento avisados por el toque de las oraciones, oficiales y soldados que descansaban de sus ejercicios militares, artesanos que penetraban en los soportales de las casonas a entregar la labor recién terminada, mujeres que iban o venían con sus cacharros a las fuentes de Revolgo, la Vieja, del Canto o de la Fontanilla ...

    A la puerta de las habitaciones, sobre la acera de la calle, las mujeres agrataban el lino en sus banquillos, le espadaban o le hilaban, fijando la rueca entre la cinta del delantal y el vestido, y haciendo girar el huso con la mano derecha ...

    En invierno, con las frecuentes lluvias, esta animación callejera desaparecía y los vecinos se veían en las hilas y en los rosarios y funciones religiosas que se celebraban en los Conventos y en la Colegiata, en medio de densa penumbra sólo en parte esclarecida por las luces de los cirios y velas que ardían en el altar mayor o ante la hornacina de alguna imagen devota ... Las Ordenanzas concejiles, siempre vigilantes, establecieron en su capítulo 64 “que las mujeres casadas y mozas solteras vayan a los templos con trajes modestos, cubiertas con capas o mantellina las cabezas, a correspondencia de su calidad y conveniencias, por ser tan del servicio de Dios, y la que lo contrario hiciere será por la primera vez multada en un Real, en dos por la segunda y en cuatro por la tercera.”

    Las costumbres, en general, eran arregladas y morales. Sólo de tarde en tarde aparecía algún niño expósito abandonado en el soportal de la ermita de San Roque en Revolgo. La Justicia hacía lo posible para averiguar el nombre de sus padres, y cuando no lo conseguía, el Concejo nombraba una ama al niño y se ocupaba de su subsistencia hasta los 7 años. El día que los cumplía se desentendía de él, le regalaba un vestuario nuevo y le daba un cestillo para que fuera pidiendo por las casas hasta que llegase a tener edad para buscar amo a quien servir. 

    En Santillana y sus barrios habitaban 31 pobres de solemnidad, la mayor parte hidalgos.


PROFESIONALES -ARTISTAS - MINISTRILE FUNCIONARIOS - ARTESANOS Y TENDEROS


    En el año que venimos estudiando no había médico en Santillana por haberse despedido D. Andrés Márquez. La plaza de médico titular se hallaba dotada con 3.300 reales que pagaba el Concejo, más lo que el facultativo cobraba por su asistencia a las comunidades de ambos conventos y a los particulares pudientes. Era cirujano D. José de Palacio, de 38 años casado, sin familia. Ganaba 100 ducados, de los que 330 reales le pagaba el Concejo, 80 los frailes de Regina Coeli, 70 las monjas y lo restante los particulares. Estos se solían ajustar en medio celemín de pan -mitad trigo y mitad maíz- por cada año. El cirujano no tenía bienes en Santillana y poseía un caballo para visitar a los enfermos.

    La botica se hallaba a cargo de D. Manuel Fernández de Bustamante y Fontecha, hidalgo, de 41 años, casado, con una hija y una criada para su servicio.

    El cantor o sochantre de la Colegiata D. Manuel González de San Martín contaba 54 años, se hallaba casado y vivía en una casa que había comprado en la calle del Cantón· Ganaba 1.000 reales al año. Constituían su familia su mujer, un hijo mayor llamado Miguel, dos hijas menores, una cuñada y una criada. El cantor ahorraba de sus ingresos y compraba algunas fincas que daba en renta.

    El organista de la Colegiata D. José de Espinosa era ciego de nacimiento, tenía 40 años, pertenecía al estado general y no había contraído matrimonio. Ganaba 100 ducados anuales. 

    Tres escribanos autorizaban los autos y contratos celebrados en la villa y su Real Abadía. Manuel de Maliaño tenía título de escribano Real y numerario. Era soltero, vivía con una sobrina y un sobrinito estudiante de Gramática· Le servían dos criadas. Poseía diversos bienes en Santillana y su principal patrimonio radicaba en Cóbreces. Su profesión le daba 500 reales al año. 

    El otro escribano de Santillana se llamaba Manuel Sánchez Calderón, hidalgo, de 33 años, casado. Tenía un hijo menor y vivía en casa propia con su suegra. Con su profesión ganaba unos 500 reales al año, pero su más saneado ingreso eran los 820 reales que le daba anualmente el subarrendatario de la taberna de vino blanco que se remató en cabeza del escribano. Este poseía además cuatro vacas y dos jatas.

    Manuel Meléndez Valdés ocupaba la escribanía de la Real Abadía, cargo que proveía el señor Abad, y las otras dos escribanías las concedía la Duquesa del Infantado. La misma señora había nombrado al Alguacil de la villa Bernardo Millán, de 52 años, casado, con tres hijos menores y una hija. Millán no tenía estado conocido por ser forastero. En su casa vivía su suegro, anciano de 79 años. El alguacil ganaba unos 300 reales y no tenía bienes de ninguna clase. 

    Tampoco el alguacil de la Real Abadía -puesto que concedían el Abad y Cabildo- era noble. Llamábase Bernardo Martínez Alcalde, se le calculaban 300 reales de sueldo. Era casado y tenía su yunta de bueyes, dos becerras y un caballo para sus obligaciones. 

    La enseñanza de la juventud santillanesa se hallaba confiada a D. Domingo de Argumosa Gándara maestro de Primeras Letras, y a D. Juan Alonso, maestro de Gramática. Del primero nos ocuparemos al tratar de la escuela, sita en el barrio de Revolgo. D. Juan Alonso había nacido en Valderrábano, jurisdicción de Saldaña, era soltero, tenía 25 años y título de Preceptor de Gramática. Ganaba 1.200 reales.

    Un tipo interesante debía de ser el quincallero Juan Antonio García de la Pesa, joven hidalgo de 27 años que tenía la mejor letra del pueblo, señal de una esmerada educación. En su memorial declara no tener oficio alguno “más que el de comerciar en algunos géneros de tienda de quincallería en lo que me quedarán 240 reales vellón al año.” “También está a mi cargo -añade- el Correo Mayor de esta villa por subarriendo que de él me tiene hecho D. Francisco Antonio de Urribarri, vecino del lugar de Selaya en el valle de Carriedo, en el que no tengo utilidad alguna.” Quizá la utilidad consistiera en las propinas que recibía al entregar las cartas. Por el expresado subarriendo pagaba anualmente a Urribarri 2.749 reales y 23 maravedís. García de la Pesa era muy aficionado al arbolado y empleaba sus ahorros en plantar robles y castaños. Estaba casado y tenía dos hijos y una hija.

    El Administrador de la Renta de Tabaco de Santillana y sus agregados, D. Francisco López Muñíz, disfrutaba de 400 ducados anuales de sueldo. Vivía en casa alquilada con su mujer, sus tres hijos, su criado y su criada y tenía un caballo que le era indispensable para el desempeño de su cargo.

    El barbero Juan Manzina, hidalgo de 38 años, arreglaba los peluquines de los señorones, rapaba sus barbas y les hacía las sangrías prescritas por el facultativo. José de Palma, pechero de 31 años, hermanaba su oficio de hospitalero del Hospital Común con el de tamboritero de la villa. Ganaba 200 reales, era analfabeto, estaba casado y era padre de tres hijos.

    En Santillana, como población la más importante de la comarca, se surtían los vecinos de los pueblos limítrofes de ropas, calzados y comestibles. En su recinto vivían tres sastres, los tres hidalgos: Juan García de la Pesa, Andrés de Herrera y Pedro García de la Pesa. Se calculaba que ganaban 620 reales al año trabajando en su oficio, que hacían compatible con la labranza. El herrero Manuel Abad Mantilla ganaba 2 reales y 17 maravedís diarios, “que es cuanto puedo decir -escribe en su memorial- pues sólo me mantengo yo y mi familia con el oficio que llevo dicho, y con bastante estrechez por haber poco que hacer en este Pueblo tan corto.”

    Cuatro zapateros bastaban para calzar al vecindario. Eran estos Domingo Fernández Trabanco, pechero, natural de Gijón; Manuel Muñoz, asimismo pechero; Fernando Gomez Canalizo, y Juan Chavarría. Estos dos eran hidalgos y el último tenía un hijo en Andalucía. En Santillana no vivía más que un carpintero, Vicente de Velasco, cuyo taller estaba en Revolgo. Varios vecinos propietarios de yuntas de bueyes se empleaban con ellas a sueldo en obras y en el cultivo de la tierra.

    El capítulo 82 de las Ordenanzas contiene una reglamentación completa y curiosísima del ejercicio de los expresados oficios y trabajos. Dice así: “Que el obrero o jornalero que asistiera con carro y bueyes se le dé por cada un día dos Reales y medio y de comer, y a destajo (sic) cinco Reales, y sin bueyes ni carro tres Reales a destajo, y comiendo Real y medio. A los carpinteros en el verano lo acostumbrado y en el invierno según estilo. A las mujeres un Real y dos comidas. A los sastres y zapateros a dos Reales y de comer, y a destajo cuatro Reales, y estos últimos deberán trabajar desde las seis de la mañana hasta las ocho de la noche, y los de arriba de sol a sol todo el año, y a unos y a otros se les dará de comer según ha sido costumbre, que es el almuerzo, comida y cena, los que se reducirán a una olla con vaca y tocino, con sus legumbres, vino tinto, pan de maíz, y algo de trigo; y el vecino que otras cosas pretendiere será multado, como el dueño de la casa que ejecutare lo contrario a este capítulo.”

    El pechero Pedro de Ricarte tenía a su cargo la carnicería. Para la distribución de la carne entre sus parroquianos y para acudir a las ferias a comprar las reses para el abasto tenía un caballo. Su oficio se hallaba intervenido por el cap.º 27 de las Ordenanzas que disponía “que, mediante ser esta villa paso y transito de toda la costa de Asturias y Vizcaya, el cortador tenga obligación de abrir la carnicería siempre que por cualquiera pasajero le fuere pedido cualquier genero de los del abasto que está a su cuidado, pagándole el precio corriente ... “

    Parece que los santillanenses eran bastante aficionados al mosto. Existían dos tabernas, una de vino blanco y otra de tinto: la primera a cargo de Juan Antonio Barreda y la segunda de José Francisco de Piñera, y una aguardentería explotada por Juan González Piñera. El capítulo 42 de las Ordenanzas dispuso “que por cuanto se han experimentado y experimentan graves inconvenientes con los que se emborrachan, tanto por el escándalo, cuanto por el poco sosiego y menos aumento que de esto se sigue a sus casas, acordaron que de aquí adelante no se permita se hagan semejantes excesos y el que lo contrario hiciere y los que le acompañaren sean multados ... Y asimismo acordaron que en las tabernas y casas de abasto no se permita el juego de naipes siendo prohibido, ni otro ninguno por que de ellos se siguen muchas embriagueces y desordenes ... “

    El más importante establecimiento de venta era la abacería, propia de la villa, y abastecida, previa subasta, por Domingo Fernández Trabanco. El cap.º 39 de las Ordenanzas disponía “que el que tuviere la abacería de esta villa en administracion o arriendo tenga obligación de tenerla provista de aceite, vinagre, bacalao, arenques, grasa de ballena y velas de sebo, a cuyos géneros se les dará postura por el ayuntamiento particular, hízose cargo de los precios a que hubiere comprado el tal abacero, cuyo arancel se le pondrá en su abacería fijado, para que los compradores sean sabedores de lo que deben pagar por cada género.” 

    María de Villegas explotaba “un poco de tienda reducida a cosas de especiería y papel”, en la que ganaba unos 100 reales al año. La viuda Manuela de la Concha y el pechero Pedro Nolasco Lopez andaban de un sitio para otro con sus tiendas portátiles de buhonero, vendiendo chucherías y baratijas. En la quincallería de Marcos García Soto se vendían tijeras, dedales, imitaciones de joyas y otros objetos de metal de poco valor. 

    De los dos molinos que había en término de la villa, el del Ojo y el del Río de la Aceña, sólo este último molía por hallarse el primero arruinado. El ruinoso molino del Ojo pertenecía a D. Francisco Manuel de Valdivielso, y el del Río de la Aceña a D. Francisco Miguel Peredo y D. José Domingo de Barreda, por partes iguales, quienes se le tenían arrendado en tres fanegas de trigo a Matías López.

    En Santillana se celebraba una importante feria que comenzaba el día de Todos los Santos y duraba ocho días, durante los cuales las calles de la villa se animaban con la presencia de los feriantes, -labradores, hidalgos y caballeros de las Asturias,- y su solemne silencio se veía turbado por los mugidos del ganado, el chirrido de las carretas y el campanilleo de los cencerros.



También en este blog:


La calle Santo Domingo (3ª Parte Santillana del Mar en 1753)



domingo, 15 de febrero de 2026

LA CALLE DE SANTO DOMINGO - LA CALLE DE LOS HORNOS - CALLE DE JUAN INFANTE - (3ª Parte Santillana del Mar en 1753)

LA CALLE DE SANTO DOMINGO

Dispongámonos a recorrer sus calles silenciosas, donde la vida palpita aún con el ritmo lento de los tiempos pasados. Casa de Benemejís de Sistallo - Ortiz de la Torre.

    En el año de 1753 la actual calle de Santo Domingo se llamaba calle de la Carrera o simplemente la Carrera. Entonces la Carrera comenzaba en la esquina de la finca actual de Benemejis, seguía por la calle que ahora llaman de Juan Infante, por la bocacalle que une a esta última calle con la actual de la Carrera, y volvía por esta hasta el comienzo de la huerta de la casona de Villa (n.º 5 de la calle de Santo Domingo). Era, pues, un circuito cerrado, cuyo nombre ignoramos de donde viniera.

    En el palacio de Peredo, que ahora lleva el n.º 8, vivía muy holgadamente el hidalgo D. Francisco Miguel de Peredo y Barreda Yebra, con su mujer D.ª Teresa de Cos y Ceballos, su hija María del Rosario -a la sazón de corta edad- y su anciana madre D.ª María Antonia Barreda Yebra y Barreda. Esta señora contaba ya 73 años y era viuda de D. Luis Antonio de Peredo, Caballero de Calatrava desde el año 1697, y fundador del palacio de Santillana, según dicen para pasar el invierno en la vi11a y no en la torre de Mijares donde había nacido y que era cuna de su linaje. En el palacio de la calle de Santo Domingo vivían también dos criadas y un criado. Un mayordomo se encargaba de cobrar las rentas de la familia que contaba entre sus numerosas propiedades extendidas por las mieses de Camplengo, del Valle, Tozi, Cazcandia ... , y sitios del Doncel, la Cruz, Andubisa, Pedrosas, Fonfría, etc., etc. 542, carros de tierra sin contar los que el señor tenía en otras jurisdicciones. La casa llevaba muy poca tierra y para su cultivo tenía Don Francisco Miguel una buena yunta de bueyes.

    La señorita del palacio de Peredo, D.ª María del Rosario de Peredo y Cos, contrajo matrimonio con el mayorazgo de la casa de Barreda Bracho y Calderón de la Barca, y con este enlace se fundieron en una sola aquellas dos ilustres casas.

    D. Francisco Miguel de Peredo vivió 55 años. Su partida de defunción se halla al folio 51 del Libro de Difuntos que comienza en 1747 y dice así: En 1º de junio de 1763 se dio tierra en el Convento de Regina Coeli de Religiosos de Santo Domingo de esta Villa de Santillana al cadáver de D. Francisco Miguel de Peredo vecino de esta villa. Estaba casado con D.ª María Teresa de Cos en cuyo matrimonio tuvieron y procrearon por hija legítima a D.ª María, quien se hallaba casada con D. José de Barreda Calderón. Recibió los Sacramentos de Penitencia, Sagrada Comunión y Extrema Unción. Hizo testamento ante Manuel Melendez Valdés, vecino de esta villa, escribano de esta Real Abadía. No dejó obrapía ni aniversario y para que conste lo firmo, fecha ut supra. D. José Joachín Bracho Bustamante.

    El palacio de Peredo se describe así en el Catastro: "Una casa con su alto y vajo y demas servidumbres qe. ttiene de Largo veintte y cinco varas, de Ancho veintte y vna, de Altto Doze y de fondo cattorze. Confronta por cierzo con casa de Dn. Alonso Velarde, por solano camino, por ábrego y rregañon huerto mio”. Al margen: “Vívela su dueño y puede rentar doce ducados.” En 1753 no se había plantado todavía el parque de esta casa y solamente tenía un huerto de seis carros con algunos perales. En la esquina del actual parque, lindante con la calle de Santo Domingo y la carretera que va a Comillas, había entonces dos casitas, la de la esquina pertenecía a D. José Gómez del Corro, el patrono del Convento de San Ildefonso, y la otra (que lindaba al Ábrego con la de Corro; al Solano con la calle de Santo Domingo y al Cierzo con la huerta de Peredo) a D.ª Jacinta de Cos, vecina de Cabezón de la Sal.

    Vimos antes que el palacio de Peredo surcaba al Cierzo con la casa de D. Alonso Velarde. Esta casa tiene ahora su puerta convertida en ventana y está sin numerar. En la época que venimos tratando la planta baja de la casa era efectivamente de D. Alonso Velarde, pero la alta pertenecía también a D. Francisco Miguel Peredo.

    La casa n.º 6 recientemente restaurada, que tiene arco ojival y un escudito, era de D. Pedro Luis Quijano, vecino de Cartes, quien la heredó de su madre D.ª María de Polanco. D. Pedro Luis casó con D.ª Ana María de Bustamante Velarde y llegó a ser Caballero de Carlos III.

    De la casa nº 4 era dueño el presbítero D. José Díaz Tagle, quien vivía en otra casa de su propiedad en la calle de la Carrera, nº 13. Muchos años después del de 1753 sobre la huerta de Díaz Tagle se edificó la casa marcada hoy con el n.º 2, que tiene un gran mirador.

    En el palacio de los Villas, con su precioso escudo de armas lleno de motes heráldicos y sus tres balcones de púlpito con barandaje de tornos de fierro, habitada D. Francisco Antonio Pantaleón de Villa. “Soy casado -dice en su memorial- de edad de sesenta y ocho años, estado Noble, Tengo en mi compañía un hixo maior de edad sucesor del Mayorazgo, no tiene mas oficio que el de Caballero, y dos hixas, y una criada a quien pago por su soldada diez ducados en cada un año; no tengo ningun empleo y vivo de la renta que produce mi hacienda.”  La casa de Villa, aunque noble y hacendada y de tan remota antigüedad en la villa como la que más, no llegaba en sus rentas y tren de vida a las de los Tagles, Barredas, Valdivielsos y Peredos.

    D. Francisco Antonio Pantaleón de Villa era gran propietario urbano. Además de la casa que tenía en la Plaza entre la torre del Merino y el palacio de Barreda Bracho, poseía la casa edificada en el sitio donde se bifurca la calle de Santo Domingo y arrancan las de Juan Infante y la Ca rrera, que lleva el n.º10 de esta última; la n.º 14 de la calle de Juan Infante y otra en el barrio de Revolgo. Al sitio de Juan Padierna tenía un edificio que servía de sel para el ganado. También tenía casas en Camplengo y Herrán y multitud de fincas rústicas. Contra estos bienes tenía los réditos de un censo constituído a favor de la capellanía que fundó D. Juan Díaz Tagle, y 45 rs. que pagaba anualmente a la mesa capitular. “Asimismo -escribe Villa en su memorial- tengo la donazion de una lámpara en dicha Real Iglesia (Colegial) que cada año necesita tres arrobas de azeite, y el regular precio en este país por benir de Acarreo es de quarenta reales la Arroba, y las tres ciento y veinte.” 

    Cuando murió el hidalgo de Villa, el cura D. José Joaquín Bracho Bustamante redactó su partida en los siguientes términos: “En 26 de marzo de 1763 se dio tierra en el Convento de Religiosos de Santo Domingo de esta Villa de Santillana al cuerpo de D. Francisco Antonio Pantaleon de Villa. Estuvo casado en primeras nupcias con doña Francisca Gómez del Corro y tuvieron por hijos legítimos a D. Alejandro y D.ª Antonia; y en segundas nupcias con doña Rosa Diaz de Tagle y tuvieron por hijos legítimos a D. Francisco, D. Pedro Pascasio, D.ª Lucía y D.ª Rosa. Recibió los Santos Sacramentos y no tengo noticia que hiciese testamento ni dejase obra pía ni aniversario. Y para que conste lo firmo ... “ (1) De los hijos de D. Pantaleón mencionados en la anterior partida, D. Francisco emigró a las Américas en pos de fortuna, y D.ª Lucía y D.ª Rosa fueron monjas en Carrión de los Condes.

    La preciosa casa solariega que lleva el nº 3 y que ostenta en su fachada las armas de BARREDA y CEBALLOS sostenidas por dos grifos, pertenecía a D. José Domingo de Barreda Yebra, el de la torre de Borja; y la inmediata a esta por Cierzo señalada con el nº 1 y asimismo blasonada, era del Sr. D. José Gómez del Corro, vecino de Puente San Miguel y patrono único del Convento de San Ildefonso de Santillana como pariente mayor que era del linaje del fundador. Estas dos últimas casas las tenían sus dueños alquiladas. Los nombres de los inquilinos no aparecen en el Catastro, pero es muy probable que fueran eclesiásticos, pues estos abundaban en la población y casi ninguno poseía bienes inmuebles en ella, por lo que necesariamente habían de alquilarlos para su habitación.

LA CALLE DE LOS HORNOS

    El nombre de esta calle es de los más antiguos de Santillana, aunque con una ligera variante, pues en los antiguos documentos se le llama Calleja que va a los hornos, como a la calle del Racial se le daba el más modesto de Camino que baja al Racial. En las antiguas Ordenanzas Concejiles de Santillana se advierten grandes precauciones contra posibles incendios, que llegan a prohibir la construcción de hornos para cocer el pan dentro de las casas de la villa.

    Los hornos estaban arrendados por sus propietarios a los horneros y horneras, profesionales a quienes los vecinos entregaban la harina para que les cocieran los panes. El capítulo 62 de las Ordenanzas aprobadas en 1773 disponía: “que los horneros y horneras no puedan llevar por cada celemín de trigo mas que al respecto de ocho maravedís, por que la leña de que usan no es propia, si no de todo el común, y por este motivo se privan de ella, y el que hiciere lo contrario sera multado en doce reales por la primera vez, y a la segunda se le hará causa por desobediente.”

    Además de los horneros, cuya misión se reducía a cocer el pan hecho con la harina que los vecinos les daban, existían los panaderos que fabricaban los panes con harina propia para luego venderlos. El capítulo 81 ordena: “Que el Ayuntamiento particular cada cuatro meses arregle el valor de la libra de pan según reconociere el precio del trigo, lo que será de calidad, y el panadero o panadera que contraviniere a la postura será por la primera vez multado en seis reales, y la segunda será preso y se le hará causa por desobediente.”

    Obsérvase que en los edificios de Santillana no se acusan los hornos al exterior de las fachadas como ocurre en Bárcena Mayor, en Tudanca y en los pueblos del valle de Soba, por citar algunos. Y como los hornos para cocer el pan eran indispensables se dispuso que se construyesen extramuros, tomando su nombre la calleja que a ellos conducía, sobre cuyos bordes se edificaron varias habitaciones.

    La más importante de estas pertenecía a D. Andrés Fernández Calderón, Sargento Mayor de la ciudad de Morella en el Reino de Valencia, donde se hallaba en cumplimiento de su destino. En la casa vivía su hermana Dª Vicenta.

Asimismo se hallaba ausente, sin que podamos especificar el lugar, José García Tagle, en cuya casa habitaba su mujer Josefa de Jareda, que se hallaba bastante enferma y vivía sola con una hermana por no haber tenido descendencia. Esta familia tenía en la misma calle otra casa ruinosa e inhabitable que servía de pajar. Próximo a este edificio se alzaba la casa de D. Santiago Fernández San Salvador residente en las Indias, y no lejos de ambos una casa vieja con su huerto, propia de los herederos de D. Manuel Valentin Campuzano, vecino que fué del lugar de Mijarojos en la jurisdicción de la villa de Cartes.

    La casa de los herederos de Campuzano lindaba al solano con “una pueba de casa caída” propia de D. Pedro Luis de Quijano, vecino de Cartes, y al regañón con la casa de D.ª Vicenta de Maliaño. Otra propietaria de esta calle era María Pérez de la Lastra, a cuya casa se hallaba adosado por regañón la de Pedro Fernández de la Fuente hidalgo, de 51 años, labrador, casado con un hijo y una hija.

    Ahora la antigua cárcel que está en la plaza, (n.º 1) en la embocadura de la calle de los Hornos, no tiene pegante a su fachada de cierzo ningún edificio, pero en 1753 se alzaba allí el pajar, “desde el suelo firme a tejavana” de la casa propiedad del vecino de Oreña D. José Joaquin Barreda Bracho (n.º 7 de la Plaza). Junto a ese pajar, al cierzo, estaba una casa de escaso valor propia de otro vecino de Oreña llamado Juan Ruiz.

La calle de los Hornos, que arrancaba de la bulliciosa plaza para difuminarse en el campo solitario con sus casas en ruina, sus vecinos ausentes o enfermos y su carencia absoluta de ganados, debía de producir una intensa sensación de melancolía.

CALLE DE JUAN INFANTE

    En el Catastro Ensenada no aparece el nombre de Juan Infante designando a la famosa calle de Santillana. En la descripción de las fincas se llama Calle que va a la Plaza, o Calle de la Plaza el trozo de la actual calle de Juan Infante comprendido desde la casa n.º 8 hasta su comienzo en el nº2 . Desde el expresado nº8 hasta la calle de Santo Domingo se llamaba la Carrera. En los libros parroquiales la población aparece dividida en distritos, uno de los cuales llamado de Santo Domingo, se formaba con las casas comprendidas desde la plaza el convento de Regina Coeli. Veamos ahora a quienes pertenecían las casas de la calle que ahora se denomina de Juan Infante.

    Nº2. De D. Benardo Velarde Ibáñez, señor del palacio de las Arenas. La casa tiene las armas de Velarde talladas en la clave de su arco de ingreso.

    Nº4. Tiene las armas de Calderón de la Barca sobre la puerta y pertenecía a D. Juan Antonio de Higareda Calderón, hidalgo de 43 años, sin oficio pues era caballero que vivía de sus rentas de Santillana y principalmente de Oreña. La casa estaba “bien tratada” y en ella vivían con su dueño su hija, su mujer y la madre de ésta. Por todo ganado tenían una cerda. D. Juan Antonio debía de haber recibido una educación esmerada, pues poseía una elegante caligrafía, cosa poco corriente aún entre caballeros. La casa dada en renta podría valer 6 ducados al año.

    Nº5. Era de D. Alonso Bernaldo de Quirós, vecino de Cóbreces. D. Alonso era hijo D. Alonso Bernaldo de Quirós y Fernandez San Salvador, natural de Cóbreces y de su mujer D.ª Catalina de Cossío. casó con Dª Josefa de Herrera y del Corro, en la que tuvo al mayorazgo, bautizado con el familiar nombre de Alonso, a Dª Vicenta, D. Antonio, Presbitero, y Dª Josefa que casó con D. Juan de Ceballos, en Novales. La casa de la ca11e de Juan Infante debió llegar a nuestro D. Alonso por herencia de su abuela Dª Juliana Fernández San Salvador y Barreda, natural de Santillana. En el escudito que tiene esta casa no llegó a labrarse el campo.

    Nº8. Pertenecía a Dª Vicenta de Bustamante y Fernández de Ceballos. En 1753 D.ª Vicenta se hallaba todavía bajo la tutela de su madre D.ª María Antonia Fernández de Ceballos, viuda de D. Alonso de Bustamante. Vivían de sus haciendas y de las del canónigo D. Gerónimo Fernández del Río, tío carnal de la viuda de Bustamante, que habitaba también en la casa. Esta era servida por la criada María Gómez de la Casa, natural de Santillana, y por el criado Antonio González, natural de Iguña. La jovencita de Bustamante poseía algunas fincas rústicas en la villa, la mitad de la casa nº 12 de la calle de Juan Infante y un invernal al sitio del Humilladero. El bonito escudo de armas de este edificio tiene el campo en blanco y sin tallar. Quizá estuviera pintado en algún tiempo. El Sr. Río disfrutó la primera canongía de la Colegiata desde el año 1699 hasta el de 1754 en que murió.

    Nº10. Se componía “de solo una habitación con su pajar incluso en ella” y pertenecía a Francisca González de Higareda, viuda, hidalga, vecina de la Villa. La había heredado de su padre Domingo González de Higareda.

    Nº12. Esta casa era de los herederos de D. Alonso de Bustamante, abuelo de la D.ª Vicenta, que vivía y era propietaria de la nº8. La mitad del edificio pertenecía a la expresada D.ª Vicenta y la otra mitad a los demás herederos cuyo nombre ignoramos.

    Nº14. Era de D. Francisco Antonio Pantaleón de Villa, señor del palacio de Villa en la calle de Santo Domingo, al tratar de la cual calle hemos de ocuparnos de su conspicuo morador.

    Nº16. La casa nº16 de la calle de Juan Infante tiene en su machón un escudo cuartelado con las armas de los apellidos OLALLA, TAGLE, CEBALLOS y BUSTAMANTE, los dos primeros se hallan identificados en sendas inscripciones grabadas sobre ellos. El edificio formaba parte del patrimonio del mayorazgo de los Sánchez de Tagle del barrio de Revolgo, de quien nos ocuparemos al tratar de dicho barrio.

    Nº18. Esta casa pertenecía al Convento de Regina Coeli. Cerca de su entrada y en el machón de la casa nº16 que avanza sobre el arroyo puede verse todavía la cruz de Santo Domingo y las inscripciones “O QUE MUCHO ES LO DE ALLÁ. O QUE POCO ES LO DE ACÁ” y la más patética de “MORIR ES CIERTO”.

    N 20. La habitaba su propietario D. Juan Marcelo de Riaño Tagle, de 32 años, casado, hidalgo, sin otro oficio que el de cuidar de sus haciendas que debían extenderse por otras jurisdicciones, pues con sólo las que tenía en Santillana no podía vivir una familia. Formaban la de D. Juan Marcelo su mujer, dos hijos menores, una hija, una tía, una sobrina, supongo que hija de la anterior, y una criada.

    Los días de mercado esta calle estaba muy animada con los aldeanos de los pueblos vecinos que iban y venían a la plaza con sus huevos, hortalizas y averío, a pie o en carros de bueyes de rodal de madera que crujía estrepitósamente al girar. 


Genealogía:


José de Barredacb Calderónb (n. 1732, Santillana del Mar, m. 1792) y María del Rosario de Peredo y Cos (n. 1740, Santillana del Mar, m. 1777), casados el 2 de junio de 1755 en la Iglesia Colegial de Santa Juliana de Santillana del Mar.

Sus hijos: Juana (1757-), Manuel Antonio (1759-1827) y Blas Alejo (1760-)

José era hijo de Pedro Antonio de Barreda Ceballos (1706-1770) y Antonia Calderónb Velarde (1712-1804)

Era nieto paterno de Diego Domingo de Barredacb de Mier y Salinas (1684- 1742) y María Antonia Campuzano Velarde (1684-)

Era nieto materno de Fernando Calderón de la Barca y San Martín (1685-) y María Ana Velarde Posada (1679-)

También en este blog:


LA PLAZA  2ª parte de Santillana del Mar en 1753


Santillana del Mar en 1753

domingo, 8 de febrero de 2026

LA PLAZA - (2ª Parte Santillana del Mar en 1753)

LA PLAZA

Nadie podrá decir "he visto a Santillana de paso". Para verla es preciso visitarla. B. Pérez Galdós


LA PLAZA


    En el siglo XVI la plaza de Santillana se llamó Plaza del Mercado por el que en ella se celebraba semanalmente. Los documentos del siglo XVIII la llaman indistintamente Plaza pública o Plaza Principal. En el siglo pasado cambió este nombre por el de Plaza de Isabel II con el que supongo la bautizarían antes de la revolución del 68. El nombre de Isabel II fué borrado de la esquina de la Casa Consistorial al advenimiento de la república y hoy la plaza no tiene nombre. El capítulo 41 de las Ordenanzas disponía “que cualesquiera géneros comestibles de todas especies como son pan, pescado, queso, manteca y otros géneros comestibles de frutas deban venderse en la plaza pública de esta villa y no en otras partes.”

    La Plaza de Santillana del Mar debió de ser el núcleo primitivo de la actual población, por hallarse enclavada en una eminencia fácilmente defendible. Allí se edificó la Torrona en el siglo XIII, que al principio estaría aislada y después rodeada de edificios que buscaban su amparo y formarían la primitiva plaza. En estas casas habitaron los primeros y principales linajes de la villa -los Barredas, Villas y Velardes- excepto los Polancos que parece tuvieron su primer asiento en lugar inmediato a la Colegiata.

    Todavía en 1753 los Villas, Velardes y Barredas, por herencia de sus mayores, tenían acaparada la propiedad de todos los edificios que formaban la Plaza, excepto la Cárcel, -que aun hoy día conserva sus rejas y está situada a la entrada de la calle de los Hornos- la Casa Ayuntamiento, -que en la forma que hoy tiene debió de edificarse a principios del siglo XVIII - y la casa pegante a esta última, que en 1753 pertenecía a D. Jacinto Fernández de Bustamante, vecino de San Esteban de Cerrazo y residente en Cervera de Pisuerga.

    El mayorazgo de la rama troncal de Barreda, D. José Domingo de Barreda Yebra (1) vivía en la casa y torre que ahora llaman de Borja; contaba ya cincuenta años; era hombre pulcro, muy cuidadoso de su indumento y buen administrador de sus haciendas. Estaba casado con D.ª Teresa de Bustamante y Velarde y de su matrimonio tenía cinco hijos: tres hembras y dos niños. De la suerte posterior de estos vástagos de la casa de Barreda nos hemos de ocupar más adelante. En la casa vivía también una parienta pobre, del linaje del señor.

(1) Era hermano de D. Benito Antonio de Barreda Villa, del Consejo de S. M. La genealogia de ambos puede verse en el apéndice III.

    La torre de Borja y la casa adjunta -que había sido construida o reedificada en el siglo XVII- se hallaba servida por dos criadas y un criado. Además D. José Domingo tenía servicio fijo de barbero al que pagaba 100 reales al año.

    Entre las muchas casas y haciendas de D. José Domingo se contaba la Torrona del Merino, en la Plaza, que se halla descrita en el Catastro Ensenada de la siguiente manera: “Otra casa con su alto y bajo y demás servidumbres en dicho sitio (de la Plaza) de ocho varas de largo, de ancho doce, de alto veinte y de fondo veinte y dos (por hallarse incluida en la descripción la preciosa casa añadida a la torrona por su fachada de solano en el siglo XIV). Confronta por cierzo camino, (de las Lindas), (1) por solano casa de don Luis Velarde, por. ábrego de Dn. Francisco Antonio de Villa Y por regañón la Plaza”. (2) Y por una nota puesta al margen de esta descripción nos enteramos de que el más insigne edificio civil de Santillana rentaba solamente seis ducados anuales. Barreda tenía además un invernal en el sitio de Valenzia y otras casas en las calles del Río y la Carrera, en el barrio de Revolgo y sitio de Castío, edificios que hemos de ver cuando estudiemos aquellas calles y barrios. De la casa de Barreda era asimismo la mitad del molino de Riolaceña, -la otra mitad era de D. Francisco Miguel de Peredo- que molía con agua represada del Racial, y daba a su propietario fanega y medía de trigo que le pagaba el molinero Matías López.

    El 28 de marzo de 1769 declaraba D. José Domingo de Barreda ante el escribano de Santillana Miguel de Maliaño todos los bienes y haciendas correspondientes a sus vínculos y mayorazgos. Su objeto era enviar la relación testimoniada a la Cámara de Castilla con objeto de alcanzar de ella la pensión de viudedad para el cónyuge superviviente. En la expresada fecha las casas que tenía en Santillana le rentaban 1.118 reales anuales. Los granos, a razón de 38 reales la fanega, importaban 8.887 reales. En Comillas tenía el barco de pasaje de la ría de La Rabia que le daba 750 reales, y en la Veguilla, Ubiarco y Oreña diferentes posesiones, que todo hacía una renta de 18.782 reales y un maravedí. (3)

(1) La ca1le de las Lindas no figura con este nombre en el Catastro.

(2) Cat. Ensenada. Tº 863, fol. 427 v. La casa y torre de Borja la describe así: “Una casa con su alto y bajo en la Plaza de esta villa, que tiene de largo diez varas, de ancho lo mismo, alto diez y de fondo doce. Confronta por cierzo tierra mía de hortaliza por solano con casa de D. Pedro Antonio de Barreda, por ábrego la Plaza de esta villa y por. reganón casa de Dn. Joaquin de Barreda” . Al margen: “Vive en ella su dueño y puede valer de renta diez ducados”. (Cat. Ensenada, T.º 863, fol. 427).

(3) Marqués del Saltillo, AL MARGEN DEL PASADO. (Revísta de Santander, t. III pág. 1.)

    Después de hecha esta relación el señor de la Torrona de Santillana y de la torre que ahora llaman de Borja debería de vivir todavía 13 años. Su partida de defunción se halla al folio 103 del Libro de Difuntos de la parroquia de Santillana que comienza en 17 47 y copiada con ortografía moderna dice así:

    “En 31 de diciembre de 1782 falleció Don José Domingo de Barreda habiendo recibido los Santos Sacramentos de Confesión, Comunión y Extremaunción y se le aplicó la indulgencia plenaria pro artículo mortis. Fue sepultado su cadáver el día 1º de enero de 1783 en su capilla de los Barredas (Colegiata). Estuvo casado con D.ª Teresa de Bustamante de cuyo matrimonio deja por sus hijos legítimos a Don Pedro, el mayor, casado con D.ª María de Revolledo; Don Alonso, Canónigo en esta Iglesia Colegial; D.ª Maria Teresa casada en Palencia con Don Francisco Xavier del Nero; D.ª Bernarda, viuda de Don Gregorio Dueñas, en la misma ciudad; D.ª Catalina, monja en el convento de San Ildefonso de esta Vi11a; D.ª Maria Antonia y D.ª Juliana, religiosas Bernardas en el convento de San Andres de Arroyo. Y para que conste ... " Firma el cura Miguel de Herrera.
La casa pegante a la torre de Borja por regañón pertenecía a D. José Joaquín Barreda Yebra, Familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Navarra y vecino de Oreña, muy hacendado en Santillana; (1) y la adosada a la casa de dicha torre por solano, que tiene el escudo de Barreda en el machón (2) era de D. Pedro Antonio de Barreda Bracho y Cevallos, mayorazgo de la casa de su apellido que ahora es Parador de Gil Blas.

(1) Su descripción al fol. 838 v. del t. 863. “Primeramente una casa en la Plaza principal de dicha. Villa con su corral, aldapa (sic) y guerta, y v na planta de casa junto a ella de una vivienda, que tiene de alto treinta y seis pies, y de largo setenta pies, y de ancho por la delantera diez y ocho y por la trasera veinte y cinco; y la guerta contiene tres carros de tierra de primera calidad, con tres arboles. naranjos, tres perales, cuatro ciruelos tres manzanos v un higar y todo surca al aire ábrego con dicha. Plaza principal y al aire solano con planta de casa de huerta de D. José Domingo de Barreda Yebra, y al aire de Zierzo con una calleja que baja a los Raziales, y al aire regañón con la calle que llaman la Calleja”. Al margen: “Vale la renta de diez ducados”.

(2)Otra casa con su alto y bajo, que tiene de largo diez y seis varas, de ancho trece, de alto diez y de fondo doce, confronta por cierzo con camino que va al Razial, por solano lo mismo, por ábrego la Plaza de esta villa y por regañón casa de D. José de Barreda”. Al margen. “Renta ocho ducados”. ( Cat. Ensenada, t. 864, fol 754).

    D. Pedro Antonio de Barreda Bracho era sin duda el más rico caballero de Santillana. Vivía, como ya se ha dicho, en el palacio que ahora es Parador de Gil Blas. Su interesante memorial dice así: “D. Pedro Antonio de Barreda Bracho y Cevallos, vecino de la Vi11a de Santi11ana para en cumplimiento de la Real Orden de S. M. comunicada por el señor D. Pedro Luis de Bustamante Juez subdelegado para la única contribución declaro que soy del estado de Caballeros hijos de algo, de edad de quarenta y seis años, casado con la señora D.ª Antonia Calderon de la Barca y tenemos ocho hijos, los tres de ellos hembras y los cinco barones, Y el mayor es de veinte y un años de edad y actualmente sírve a S.M. en el empleo de teniente capitán en el regímiento de Infantería española de la Corona que se halla de Guarnición en la Ciudad y Plaza de Cadíz; Y el segundo es de veínte años de edad, y se halla en la Ciudad de Salamanca estudiando Leyes en su Universidad, y los restantes son menores de edad; Y asimismo declaro vivir de mis propias Haciendas y sus productos, y que tengo dos criados ambos mayores de edad, Y cuatro criadas, y que al uno de los criados le pago doce pesos de soldada anual, y al otro ciento y veinte reales de vellón, y a las dos criadas a doce ducados a cada una, y asimismo pago cíen ducados a las personas que me cobran la renta de la hacienda comprendida en este memorial y en otras que tengo dados en diferentes distritos.” La descripción del palacio de D. Pedro Antonio que figura en el Catastro, como redactada para fines fiscales, adolece de falta de detalles curiosos, de descripciones arqueológicas y de identificación de escudos de armas, que hoy nos serían de gran utilidad. Dicha descripción es la siguiente: “Idem tengo una casa con su alto y bajo y demás servidumbres que tiene de largo incluso su cocina y caballeriza treinta y dos varas, de ancho veinte y cuatro, de alto doce y de fondo catorce; confronta por cierzo tierra mía, por solano y ábrego lo mismo y por regañón la Plaza principal de esta Villa. Vívela su dueño. Puede rentar doce ducados”. (1) Ocupaban la caballeriza dos mulas de silla y freno para el servicio del señor.

    Hermano de D. Pedro Antonio y nacido como él en esta casa era el famoso marino D. Blas de Barreda y Campuzano cuya biografía figura en el libro de D. José Antonio y D. Alfredo del Río Marinos Ilustres de la Provincia de Santander. (Santander, 1881). (2)

    Además de otras muchas propiedades rústicas y urbanas poseía el mayorazgo de Barreda Bracho el palacio que ahora es de la Archiduquesa Margarita de Habsburgo, cuya finca pagaba de renta anual 16 ducados la mayor que se pagaba en la villa, ya que el palacio de Barreda Bracho de la plaza, el de Velarde de las Arenas y el de Peredo de la calle de Santo Domingo, todos tres ocupados por sus dueños, se les calculaba que podrían rentar solamente doce ducados cada uno. El palacio de la Archiduquesa se describe así: “Otras casa con su alto y bajo y demás servidumbres que tiene de largo veinte y dos varas, de ancho diez y seis y de alto diez y de fondo doce; confronta por cierzo con la Plazuela de la Colegial de Santa Juliana, por solano lo mismo, por ábrego tierra mía y por regañón calleja publica.” Creo que este palacio le tenía alquilado el Abad. Otras fincas de esta familia eran el solar de la Chamberga y la casa del bosque de Rugedia.

(1) Cat. Ens., t. 861, fol. 752.

(2) Eran hijos de D. Diego Domingo Barreda Mier y D.ª Maria Antonia Campuzano. La genealogía de D. Diego Domingo Mier puede verse en el apéndice IV y sus actos positivos en el Apéndice V.

La genealogía da D. Pedro de Barreda Ceballos tio abuelo de nuestro D. Pedro Antonio se publica en el Apéndice VI, y el reconocimiento de la casa solariega y armas de Barreda en el Apéndice VII.

    El 11 de enero de 1758 declaraba D. Pedro Antonio de Barreda ante el escribano de Santillana Miguel de Maliaño que sus rentas ascendían a 23.617 reales de vellón, descomponiéndose así: En Santillana 1.264 reales de rentas de casas, 892 de prados y 511 de granos, regulados a 8 reales el celemín de trigo y a 6 el de maíz. En el barrio de Arroyo, doscientos celemines mitad de trigo y maíz y veinte cántaras de vino. En los de Camplengo, Herrán y Yuso diferentes tierras y prados. En el lugar de Oreña tenía 6.692 reales producto de 956 celemines de granos; contaba además un molino, cinco huertas, 40 gallinas al precio cada una de cuatro reales, y unos prados. En Ibio, La Busta, Ruiloba, Fresnedo, Puente San Miguel, Hinojedo y La Veguilla tenía tierras y prados cuyas rentas oscilaban desde 19 reales en La Busta hasta 1.368 en Ubiarco. No podían faltar los censos, como en todo caudal de la época, y poseía uno en Madrid de 3.300 reales de renta y otros varios en la Montaña que ascendían anualmente a 817. (1) De lo expuesto se deduce que la casa de Barreda Bracho tenía 4.853 reales vellón de renta más que la de Barreda Yebra de la torre de Borja.

    La partida de defunción de D. Pedro Antonio de Barreda Bracho nos suministra interesantes pormenores sobre su descendencia.

(1) Memorial de D. Pedro Antonio de Barreda. Cat. Ensenada, t. 864, fol. 753.

    “En 13 de febrero de dicho año de 1770 falleció el señor D. Pedro de Barreda Bracho, de edad de 62 años poco más o menos, a quien se le administraba continuamente el Santo Sacramento de la Penitencia y Comunión por vivir con accidente grave algún tiempo del que se privó de conocimiento a lo último y se le administró el sacramento de la Extrema Unción. Estaba casado con la señora D.ª Antonia Calderón de cuyo matrimonio dejó por sus hijos legítimos a los señores D. José de Barreda Calderón, casado en esta villa con la señora D.ª María del Rosario Peredo y Cos; D. Antonio dignidad de Arcediano en la Iglesia Catedral de Astorga; D. Vicente, actual Colegial Mayor en el Colegio del Arzobispo de la ciudad de Salamanca; D. Blas, Caballero de Malta y Alferez de Fragata; D. Pedro Tomás, asimismo Caballero de Malta y Cadete de las Reales Guardias Españolas; Soror Teresa, religiosa en el Convento de San lldefonso de religiosas Dominicas de esta villa; D.ª Maria Antonia Y D.ª Maria Vicenta asimismo Canónigas reglares en el Convento de San lldefonso de la ciudad de Burgos; Y D.ª Mariana, casada en la ciudad de Palencia con D. Lucas Pedro Solórzano Fi1imón de la Mota. Hizo disposición testamentaria ante Miguel de Maliaño, Escribano de número de esta villa, por el que deja trescientas misas rezadas; cien en esta Colegiata, ciento en los Religiosos Dominicos de esta dicha villa y ciento al Convento de Ntra. Sra. de las Caldas: y al hospital común de esta villa ocho camas de ropa. Mandase sepultar su cadáver en su capilla colateral de San Pedro de esta Colegial, en donde se cumple. Y para que conste lo firmé, fecha ut supra. Dn. Joseph Joachín Bracho Bustamante.” (1)

    La casa de planta y tres pisos que lleva el n.º 10 de la plaza y está situada entre la torre del Merino y el palacio de Barreda Bracho pertenecía a D. Francisco Antonio Pantaleón de Villa. En aquellos tiempos tenía de alto trece varas, de ancho cuatro, de largo ocho y de fondo quince, y rentaba seis ducados al año. (2)

    El edificio señalado con el n.º 1 de la calle de los Hornos, que aún conserva rejas en las ventanas y un arco ojival cegado, era cárcel de la villa y propiedad del ayuntamiento.

    El n.º 1 de la Plaza pertenecía a D. Bernardo Velarde lbañez, señor del palacio de las Arenas. Esta casa ha sido recientemente restaurada y de su abolengo medieval da testimonio el arco ojival que aún conserva.

(1) Arch. Parro. Santillana. Libro finados q. comienza en 1747, fol. 69.

(2) “Otra de una sola habitación en el sitio de la Plaza de esta Villa, tiene de alto trece varas, de ancho cuatro, de largo ocho y de fondo quince; linda al cierzo casa de D. José de Barreda Campuzano. Y al regañón dicha Plaza. “Al margen: “Renta seis ducados”

    La casa pegante al Ayuntamiento era el único edificio de la Plaza que no pertenecía a algún individuo de las familias Villa, Velarde o Barreda, pues era del vecino de Cerrazo D. Jacinto de Bustamante, quien residía ordinariamente en Cervera. Estaba alquilada en ocho ducados anuales a Bernardo Martínez Alcalde, residente en Santillana, de estado reconocido, de 62 años de edad y oficio Alguacil de la Real Abadía. Se hallaba casado con Catalina Sánchez y vivían con el matrimonio dos nietecitos. El Alguacil ganaba por este oficio unos 300 reales anuales, llevaba además algunas tierras en renta del mismo D. Jacinto y poseía una yunta de bueyes, dos becerras y un caballo para su tráfico.

    D. Juan Benito de Cos, Procurador General de Santillana, redactó el memorial de las propiedades de la villa. “Primeramente - escribe el Procurador - declaro posee dicha villa una casa que se halla en el sitio de la Plaza y sirve para los ayuntamientos generales y particulares como también para las audiencias públicas, la que tiene de fondo diez y seis varas, catorce de ancho y de alto doce, que arrima por el cierzo con casa de D. Jacinto Fernandez de Bustamante vecino del Lugar de San Esteban, y por los demás aires con dicha Plaza. Y si se arrendara valiera 100 rs.” Poseía además la villa la casa mesón, sita en el campo de Revolgo; la escuela, edificada en el mismo campo pegante a la capilla de San Roque; la cárcel pública que ya hemos visto en la Plaza; la carnicería, en la calle de Cantón, y otra casa en ruina al sitio de la Tejera “que sirve para custodiar la teja que se suele fabricar en algunos años, y se halla inhabitable.” A más de las expresados edificios poseía el Concejo varias fincas rústicas, siendo la más notable de ellas un monte de más de cien· carros de extensión poblado de roble, al cual bosque le llamaban Monte del Rey y sus maderas eran destinadas a la construcción de reales bajeles.

    La casa torre que llaman de la Parra, venerable edificio del siglo XIV, donde quizá vivieron los Velardes antes de reedificar su amplísimo y plateresco palacio de la plaza de las Arenas, era del señor de este palacio D. Bernardo Velarde Ibáñez. Ignoro quien fuera el inquilino de esta casa en 1753, año en el cual ya declaraba su dueño ser la casa viejísima.

    Otro conspicuo caballero vecino de la Plaza era D. Juan Antonio de Villa Tagle, señor de la casa llamada del Aguila. Era viudo, contaba ya 87 años y vivía con su hija única, D.ª Manuela, y con una criada. Dada su avanzada edad D. Juan Antonio debía de estar impedido y corría con la administración de sus bienes su hija, la cual figura como propietaria de varias fincas que eran de su padre en las descripciones que hacen los colindantes con ellas. Nosotros nos imaginamos al hidalgo de la casa del Aguila (1) vestido con gregüescos, ropilla y gola, intransigente con la moda borbónica de chupa, casaca y peluca empolvada, como otros ancianos de su tiempo.

    La casa de Villa de la Plaza había venido muy a menos y las haciendas que poseía eran escasas y de poca extensión. El brillo de este linaje le mantenía D. Francisco Antonio Pantaleón de Villa, señor de la casa de su apellido en la actual calle de Santo Domingo, frontera a la de los marqueses de Benemejís. Del antiguo esplendor de su casa sólo quedaba a D. Juan Antonio el patronato de la capellanía fundada en la ermita de Ntra. Sra. del Pedroso, sita en el barrio de Herrán por un su ascendiente de apellido Ceballos. Poseía también un invernal en el sitio de los Corrales, término de Santillana.

(1) La casa del Aguila está descrita al fol. 408 del t. 863 del. Catastro de esta manera: Una casa en el termino de esta dicha villa, de sola una habitación y pajar incluso en ella. Tiene de fondo treinta varas, de ancho doce y de alto quince. Surca al cierzo casa de D. Bernardo Velarde al solano calle ppca. al ábrego otra casa de D. Joachín de Barreda, vecino de Oreña, y del regañón Calleja. Habítala su dueño. Puede rentar doce ducados.

    El hidalgo de la casa del Aguila llegó a alcanzar el siglo y con él se extinguió la varonía en su linaje. El párroco D. José Joaquín Bracho Bustamante extendió al folio 35 del libro que comienza en 1747 su partida de defunción que dice: “En 15 de abril (1759) se dio sepultura a el cadáver de D. Juan de Villa, de edad de cien años.· Recibió todos los Santos Sacramentos. No hizo testamento por decir no tener de qué, y solo.mandó que se enterrase su cadáver en el Convento de Regina Coeli de esta Villa. Solo dejó una hija viuda que se llama D.ª Manuela de Villa. Y para que conste lo firmé.”

    Como ya dijimos, la casa del Aguila lindaba-y linda por el cierzo con la casa torre llamada de la Parra, solar en el siglo XIV de los Velardes, y en la época en que venimos estudiando propiedad del D. Bernardo Velarde Ibáñez señor del palacio de la Plaza de las Arenas que ahora es de la Duquesa de Parcent. La casa situada al ábrego de la del Águila -que ahora lleva el nº 6 de la Plaza- pertenecía al familiar de .la Inquisición de Navarra y vecino de Oreña D. Jose Joaquín Barreda Yebra, propietario también como ya se dijo de la pegante a la torre de Borja donde ahora vive el señor Abad D. Mateo Escagedo.


También en este blog:

Santillana del Mar en 1753

El Palacio de Quintana y el Parador de Santillana

Fundación de Santillana  en Santillana del Mar, año 1981

La calle Santo Domingo (3ª Parte Santillana del Mar en 1753)

Hidalgos y Pecheros (4ª Parte Santillana del Mar en 1753